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Brexit, ¿oportunidad para la UE? (1)

El profesor Donato Fernández -antes del Brexit- decía que una salida del Reino Unido (RU) de la Unión Europea (UE) podría ser una oportunidad para esta última. Durante una estancia posdoctoral en la Universidad de Valencia, comentando el asunto con varios profesores españoles conocedores del tema, llegamos a la misma conclusión. Fernández se fundamenta en la visión insolidaria del RU para integrarse, y esto es lo que denominamos utilitarismo. En 1948, bajo el liderazgo de Churchill, se celebró el Congreso de La Haya que con el fin de evitar los horrores de las guerras mundiales, promovió el reconocimiento de los derechos humanos y los principios democráticos. Por un lado, el RU y los países nórdicos lo impulsaban con una estrategia intergubernamental y, por el otro, Francia y países de Europa continental lo pretendían con una fórmula supranacional. Así, con el debate entre “unionistas” y “federalistas” nació, en 1949, el Consejo de Europa, organización que soporta el sistema regional de derechos humanos más perfecto y numeroso (47 miembros).

Para la creación de las Comunidades Europeas el RU fue invitado y participó en las negociaciones que dieron lugar a los tratados de Roma de 1957, aunque lo abandonó y encabezó un proceso alternativo e intergubernamental de libre comercio European Free Trade Association (EFTA), creado en 1960 y que al año de constituirse se vio sorprendido con la solicitud del RU de ingresar a las Comunidades Europeas. Francia -con la oposición de De Gaulle- vetó en dos ocasiones ese ingreso y solo después de su muerte, acompañados de Dinamarca e Irlanda, se hicieron -en 1973- miembros de la hoy UE.

Fieles a su estilo revisionista de los compromisos europeos, a los dos años de su ingreso, sometieron a referéndum su permanencia. En palabras de Fernández, por considerar que la Política Agraria Común (PAC) era muy proteccionista, costosa y poco favorecedora de sus intereses. No obstante, el referendo de 1975 votó mayoritariamente a favor de la permanencia. A partir de entonces, y durante 41 años, con la amenaza latente de su no permanencia, el RU fue consiguiendo un trato privilegiado. Bruselas le otorgó una serie de concesiones: Margareth Thatcher, quebró el principio de solidaridad de la UE y aprovechó el denominado Compromiso de Luxemburgo que consiguió De Gaulle, y logró que la reivindicación a la PAC le dejara al RU, desde 1984, un retorno anual de su contribución al presupuesto común (cheque británico).

Logró una excepción -más tarde extendida a Dinamarca- excluyéndose de la adopción del euro y también del Convenio de Schengen que suprime los controles de las personas entre las fronteras de los Estados miembros. Reacio al frustrado Tratado Constitucional, logró otras excepciones ya en el marco alternativo del Tratado de Lisboa, como aplicar la Carta de los Derechos Fundamentales, como Polonia y la República Checa, solo en los supuestos que reconozca su respectivo derecho interno. Se excluyó con Dinamarca e Irlanda de la aplicación del Espacio de Libertad, Seguridad y Justicia. Limitó el alcance de la Política Exterior y de Seguridad Común y cualquier propuesta tributaria si ella se opone a su política exterior o su régimen fiscal y junto a la República Checa no hace parte del tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza. Estas excepciones, antes de la convocatoria formal al reciente referendo, con las que se dieron luego serán para la próxima columna.