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Un panorama desafiante con oportunidades

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Eric Parrado Economista jefe del BID

No cabe duda de que América Latina y el Caribe enfrenta retos difíciles respecto al crecimiento inclusivo y sostenible. Se prevé que el crecimiento de la región caiga a un 0,2% para 2019 con una tenue recuperación a 1,8% para 2020. En este contexto, la brecha de crecimiento de este año respecto a su potencial será la más alta desde 2015, año en que crecíamos a nuestro potencial. El panorama externo también ha empeorado. Algunas economías europeas están considerablemente más débiles y se espera que las de China y Estados Unidos se vayan desacelerando. El menor crecimiento global ya empieza a afectar a América Latina y el Caribe.

Los escenarios alternativos de estrés económico consideran principalmente una profundización de la tensión comercial, tecnológica y cambiaria entre China y Estados Unidos. Hoy, la industria manufacturera y el comercio global ya se están viendo afectados, y si el shock se sigue materializando, podría caer el consumo global. Desaceleramientos mayores en estas dos economías junto a un impacto negativo en los mercados financieros globales llevarían, según el Informe Macroeconómico 2019 del BID, a una recesión en América Latina y el Caribe.

La región se enfrenta a este panorama con economías menos resilientes que en 2007, un año antes de la peor crisis financiera global desde los años 30. Y, nuevamente, la economía global no acompaña, ya que hoy el mundo desarrollado cuenta con menos municiones para implementar políticas económicas contracíclicas.

Pero en este paisaje sombrío, también hay oportunidades. Es imperativo que la región las aproveche y encuentre formas de impulsar el crecimiento desde dentro.

Una manera de lograrlo es a través de la infraestructura. América Latina y el Caribe invierte muy poco en esta área, no sólo en comparación con otras regiones, sino también considerando su necesidad de cerrar las brechas existentes. Como resultado, sólo en el África subsahariana la infraestructura es de menor calidad que en nuestra región. Reportamos grandes deficiencias en sectores cruciales como energía y transporte. El desafío consiste en revertir esta situación y apoyar el crecimiento económico mediante el aumento de la productividad. Nuestras estimaciones muestran que si aumentamos la inversión en infraestructura a niveles de la Ocde, la productividad general podría crecer un 75% con respecto al promedio histórico.

La cuestión es cómo lograr esto en un momento de altos niveles de deuda y presupuestos fiscales ajustados. La inversión privada podría ser una salida. Un gran número de fondos privados busca mejores rendimientos, y, para ellos, los proyectos de infraestructura pueden ser una opción por su perfil de riesgo y rentabilidad de largo plazo. También hay que invertir mejor, canalizar la inversión hacia los proyectos de infraestructura que más impacten la productividad en otros sectores de la economía con alto potencial de crecimiento.

América Latina y el Caribe se enfrenta a importantes desafíos. Pero puede liberar su potencial si aprovecha oportunidades como la mejora de la infraestructura. Al hacerlo, estimularía el crecimiento y crearía economías más dinámicas con amplios beneficios económicos y sociales.

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