En 1991, ante el evidente fracaso del sistema y la necesidad de contar con una moneda sana como premisa fundamental para el orden y el desarrollo económico, se restituyeron al Banco de la República las funciones de autoridad monetaria
Cada rebaja en la calificación se traduce en mayores costos de financiamiento para el Gobierno, que implicarán mayores pagos de deuda, menor apetito de inversión en el país