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Analistas 21/04/2026

Las petroleras deben pagar la transición

Edwin Palma Egea
Analista
Edwin Palma

Juan Manuel Santos, expresidente de Colombia y premio Nobel de Paz, acaba de apoyar lo que el presidente Gustavo Petro ha dicho desde siempre: un modelo económico anclado a la extracción y a la incertidumbre es incompatible con la paz.

Por eso, nada más oportuno que hablar del tema por estos tiempos. Viene bien, entonces, la primera conferencia que ha convocado nuestro Gobierno la próxima semana en Santa Marta, que reunirá a expertos, profesionales y líderes globales para conversar sobre cómo dejar atrás la dependencia fósil y acelerar la transición económica y energética.

Europa, por ejemplo, ha entendido que las energías limpias son necesarias para su autonomía. Ya no pueden depender del gas ruso ni del petróleo importado. Por eso, con su “REPower EU”, han planteado varias fórmulas: ahorro de energía, reducción del consumo, aceleración de la desconexión de los fósiles, grandes inversiones en renovables y el reemplazo del gas con hidrógeno. “A medida que disminuye nuestra dependencia energética de los combustibles fósiles, aumenta nuestra seguridad energética. Esa es la lección que hemos aprendido en Europa”, ha sostenido Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea.

Y es que el panorama energético, luego de las guerras recientes, está cambiando a grandes velocidades. Entre muchos datos indicativos de esto, quiero destacar dos. Uno es que en el mundo y en Colombia, por primera vez en la historia, se ha generado más energía limpia de la que se produce con carbón. El segundo es que, según un estudio reciente de Bank of America, “la economía del mundo depende menos del petróleo que en los años 70”.

En nuestro país podríamos no solo descarbonizar la matriz eléctrica hacia 2038, sino también mejorar nuestra economía, pues Colombia tiene la oportunidad de aumentar su PIB en 1,6% en los próximos diez años “si garantiza una oferta energética suficiente, limpia y a precios competitivos”, dice un informe realizado por la empresa Erco Energía. Solo “es necesario cambiar varias normas que están hechas para beneficiar a los combustibles fósiles”, señala la investigación de la Fundación Ivy, Polen, la Universidad de los Andes y el Instituto Sistemas Complejos de Ingeniería. Ya lo había advertido Joseph Stiglitz: “Combatir el cambio climático va a ser una fuente de crecimiento económico”.

Ese es nuestro norte. Por eso, hemos logrado que la matriz eléctrica del país sea solar en más de 17%. Avanzamos en energía eólica y geotermia. Esto ha sido producto del marco jurídico y regulatorio, así como del clima político que hemos dispuesto para que ello ocurra, con participación, coordinación y cooperación del sector público y privado.

Asimismo, hemos querido descentralizar la generación de energía. Una “explosión” de minigranjas solares, mayoritariamente privadas, así lo demuestra. Estas han empezado a inscribirse como comunidades energéticas, gracias a nuestra novedosa regulación. Muchas de estas llevarán energía limpia y barata, con recursos públicos, a regiones apartadas del país, reduciendo así la pobreza energética y ampliando la cobertura en los próximos meses. Y miles de hogares ya cuentan con techos solares, generando su propia energía e inyectando excedentes al sistema, sin que aún empiece el programa de “Colombia Solar”. Eso también es soberanía energética.

Y claro que nuestro sistema energético enfrenta desafíos de infraestructura, ampliación de oferta, diversificación, democratización, acceso y cobertura. Ojalá estos se planteen de cara al próximo Plan Nacional de Desarrollo, porque enfrentarlos demanda grandes cantidades de recursos. De ahí la importancia de la reciente creación de Fonenergía, que, aunque es un paso importante, resulta insuficiente.

Las petroleras, que ahora ganan con la guerra, deben pagar, con nuevos tributos, la transición y la democratización de la energía. Todos los recursos de obras por impuestos, aportes voluntarios y los destinados a inversión social deberían enfocarse en estas tareas.

Seguir atados a los combustibles fósiles es seguir expuestos a crisis que no controlamos. Apostarle con decisión a las energías limpias y a la descarbonización de la industria no es una agenda ideológica: es una estrategia de seguridad, desarrollo nacional y paz global. Hoy no solo el expresidente Santos le da la razón a Petro. El contexto mundial también se la da.

Porque en este nuevo orden global, los países que produzcan su propia energía limpia no solo tendrán electricidad más barata: tendrán independencia. Y los que no, seguirán pagando en tarifas, en inflación, en incertidumbre y en subordinación el costo de guerras ajenas.

Lamento que en nuestro país no estemos hablando de esto. Hay una agenda del capital fósil que copa los titulares de prensa, las redes sociales, las conversaciones con los gremios y los discursos de candidatos que olvidan que más de 80% de la población mundial quiere que sus gobiernos adopten medidas más contundentes contra el cambio climático.

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