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Venezuela: repensar la unión regional

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El triunfo de la Mesa de Unidad Nacional en las elecciones legislativas de Venezuela no puede verse solo como el resultado del desgaste de un modelo político de corte totalitario, sino como una oportunidad de oro para repensar el modelo de Estado Social y Democrático de Derecho y la necesidad del fortalecimiento de la unión latinoamericana. 

Lo que se ha vivido en la vida política de Venezuela no es un asunto interno de ese país. En un mundo globalizado y gobernado por tratados internacionales vigentes, guiados por la necesidad de integrar las naciones, la concepción de soberanía de los Estados está debilitada en beneficio de las libertades y los derechos, por lo que un aspecto crucial de la política es examinarla desde la integración de los países. 

En esa dirección, el triunfo de la Mesa de Unidad Nacional en Venezuela y el poder mayoritario alcanzado, hasta este momento, no asegura que el país haya encontrado la solución definitiva. Por el contrario, lo que inicia es una fase de tensión entre un fuerte poder ejecutivo nacional y una asamblea legislativa.

Sin dudas, el chavismo tiene una alta cuota de responsabilidad en el desastre institucional venezolano, pero las promesas incumplidas, el monstruo de la corrupción estatal, las deficiencias de las políticas sociales y económicas de los gobiernos, la implementación brutal de políticas neoliberales y el desgaste de los partidos políticos y las instituciones, facilitaron el ascenso de movimientos políticos de corte populista y totalitario que profundizaron el desgobierno en los asuntos públicos.

La crisis venezolana no puede reducirse a un movimiento que accedió al poder estatal y se atornilló en el gobierno y en las distintas ramas del poder público. Este camino de reflexión es equivocado. El fenómeno político del populismo y de corte totalitario no es exclusivo de Venezuela, muy por el contrario, es un viejo huésped de los gobiernos de América Latina y está latente su retorno. No olvidemos las guerras internas, los problemas fronterizos  y las dictaduras del pasado reciente.

En otras palabras, una mirada hacia atrás de nuestra realidad política latinoamericana, es decir, hacer memoria para encontrar las claves que de alguna manera nos ayuden a conocernos como somos y hemos sido, nos revela que el siglo XX, desde el punto de vista institucional, fue bastante problemático, para decir lo menos. Tenemos un serio déficit  de instituciones democráticas y la exclusión social y económica alimenta el populismo y el totalitarismo en Latinoamérica.

Nuestro reto, por consiguiente, no puede ser otro que revisar las instituciones políticas y las causas del déficit de creación de instituciones internacionales que mediante tratados públicos nos permitan conservar y fortalecer la democracia y respetar y garantizar los derechos humanos. En otras palabras, la política tiene que ser pensada desde lo institucional y desde el bien común. 

Sin embargo, no se puede alcanzar la meta de la reconstrucción de la democracia y la plenitud de las libertades y los derechos si no se revisan las instituciones políticas. Bienvenido el éxito de la democracia en Venezuela y este es el momento para repensar cómo debe ser el Estado de Derecho en América Latina y cómo debemos hacer realidad la consolidación de una Latinoamérica sin fronteras que separen sino de fronteras que unan. Esta es la tarea. El posconflicto en Colombia lo califica, lo enseña. Repensar las instituciones es el compromiso del momento.

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