jueves, 23 de abril de 2020

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El 22 de abril de 1616 partió a la eternidad Miguel de Cervantes Saavedra. Su herencia: la novela moderna fundada en la utopía de la libertad y la justicia. Es un hombre de la Ilustración y el Humanismo. Su sabiduría es la de un buen cristiano que se enfrentó a prácticas no santas de gobiernos cristianos.
Su magna obra es un tratado de libertad y justicia. En “El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha”, su personaje central, es ante todo y sobre todo, un hombre justo que ama, fomenta y defiende la libertad personal.

En El Quijote, sus héroes son los caballeros andantes quienes consagran su vida a la lucha contra las injusticias que le cometen a los más débiles.
Un hidalgo de los pobres que se arma de caballero andante, el de ‘la triste figura’, como le llama su amigo, el escudero Sancho Panza, quien es tratado por él de forma igualitaria y lo escucha con atención y respeto. El Quijote sale a la vida pública para cumplir su destino en forma libre. Loco, no genio. La locura es su máscara para decir lo justo.

La máscara de orate, que hace posible y facilita que lo prohibido se pueda decir, evade la censura estatal para que pueda ser oído por las personas destinatarias del mensaje de justicia y libertad para todos; esto hace parte del ingenio cervantino.

Un caballero andante es el Quijote, un quijote lleno de ideales, ilusiones y sueños para el bienestar de la república, al deshacer toda suerte de agravios y poniéndose en ocasiones en peligro a cambio de su honra y buen nombre, todo un caballero.

Hidalgo pobre, libre y justo, además, caballero andante culto. Non bene pro toto libertas venditur auro (La libertad no se vende ni por todo el oro del mundo), uno de sus lemas recogido de las fábulas esópicas en lenguaje de la tradición medieval.

La libertad de expresión, en especial, la libertad de la manifestación del arte y de las ideas políticas, son defendidas por Cervantes. La crítica que, en el capítulo sexto de la primera parte, dice: “Del donoso y grande escrutinio que el cura y el barbero hicieron en la librería de nuestro ingenioso hidalgo” realiza a la quema de libros, es una defensa a la libertad como precondición de una vida libre en la que el espíritu humano alcance tal dimensión mediante el ingenio.

En su biblioteca, la del hidalgo, a la que el cura acusa de ser responsable de la locura de su propietario, hay una cantidad no menor de 100 volúmenes de obras del espíritu humano. Narra que esos libros deben ser guardados, como lo hizo Alejandro Magno, quien archivó la Ilíada de Homero, corregida por el propio Aristóteles y que fue obtenida de los despojos de los bienes de Darío III. Esta es una crítica a la política de la Inquisición. El cura inquisidor no tuvo piedad y los condenó al fuego.

Otra escena, hermosa entre tantas, es la del capítulo 22 de la tercera parte: “De la libertad que dio Don Quijote a muchos desdichados que, mal de su grado, los llevaban donde no quisieran ir”. Es una pieza de defensa de la dignidad humana y de la justicia al servicio de la libertad, en contra de la tortura.

Finalmente, no se puede pasar por alto que “El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha” fue concebida mientras Cervantes purgaba una condena injusta, tal como lo dice en el prólogo. En estos tiempos de confinamiento es oportuno acompañarse de su lectura.