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Sin miedo a perder

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El calor humeante se condensaba por encima del Estadio Metropolitano de Barranquilla, abajo, como sumergidos en una inmensa olla hirviente, los espectadores vibrábamos con el golpe seco del balón de fútbol, casi que se podían escuchar las gotas de sudor de los futbolistas caer al terreno de fuego, de un momento a otro, un rápido movimiento permite que la pelota penetre en el arco uruguayo y como un gigantesco tsunami asiático, la pasión tricolor arrasó con todo a su paso.

Así vivimos el inicio de esta nueva etapa de la selección Colombia que jugó sin complejos y ‘sin miedo a perder’. Fue su cambio de actitud lo que motivo en cascada todo lo demás. Le permitió al cuerpo técnico presentar una alineación con un claro enfoque ofensivo, lejos del tradicional sistema defensivo usual en las selecciones Colombia.

‘El miedo a perder’ que nos caracterizaba nos había hecho tener siempre una alineación plagada de defensas y volantes de contención con un delantero solitario desconectado del resto equipo.

El cambio de mentalidad con un fútbol ofensivo con dos armadores creativos y dos delanteros goleadores nos permitió tomar riesgos y jugar sin todos los amarres y precauciones con las que jugábamos anteriormente, siempre justificando el juego defensivo.

Sin pretender invadir el terreno de los comentaristas deportivos, quiero manifestar, de manera reposada, mi complacencia por lo ocurrido, pero más me interesa analizarlo.

Hoy tenemos en todo el país un ambiente de optimismo, fruto, precisamente, de los dos triunfos en serie de la Selección Colombia. Lo que procede ahora es proyectar y utilizar la enseñanza que nos deja esta experiencia positiva.

¿Qué hay que hacer para que ese cambio de actitud lo podamos trasladar a todas las esferas del comportamiento nacional y sacarle provecho en lo empresarial, académico, social y en especial en lo político?

La decisión de la Federación de escoger a un director técnico como Pekerman, capaz de mantener la línea ofensiva, no solamente durante el primer partido en Barranquilla sino en el de Chile, permitió sostener su filosofía ‘sin miedo a perder’ lo que condujo a estos resultados exitosos.

Pekerman se trazó unas metas para llegar a Brasil y aunque aún no lo hemos logrado, genera confianza la búsqueda de una escuadra con mayor integración y camaradería y si a eso se le suma los acertados cambios durante los dos partidos se aterrizar al terreno del “todo le salió” como bautizan los comentaristas deportivos a los episodios contundentes.

Además, tomó decisiones puntuales como no jugar partidos amistosos para tener más tiempo de concentración, definir estrategias y ejecutar trabajos a mediano y largo plazo para generar  confianza y conocimiento alrededor de un modelo de juego interno del equipo.

Hay que resaltar que nuestros jugadores tienen una jerarquía internacional que salió a relucir con potencia. Entre otros, Falcao, Teo, James, Aguilar demostraron que tienen el talento que todos conocíamos y que Pekerman supo aprovechar y ponerlo en función de sus objetivos.

Barranquilla también tuvo su aporte por el ambiente del estadio y el ‘calor’ humano que había en la cancha.

Sin embargo, toda esta estela de factores positivos que circunda a la Federación, a Pekerman, a los jugadores y al ambiente en Barranquilla se hubiese ido al ‘estadio de las frustraciones’ si no tuviéramos la actitud, la decisión, la entereza y la disciplina de jugar ‘sin miedo a perder’.

Y preparémonos para el día en que nos derroten. Seguramente, los críticos volverán con todo furor para que nos devolvamos al anterior esquema de fútbol defensivo.

Ojalá que esta nueva actitud positiva y de fútbol ofensivo nos sirva para todas las esferas de la sociedad. Se requiere un comportamiento colectivo positivo que asuma riesgos con equipos ganadores, con gente preparada que jalonen procesos que sirvan de ejemplo y de lección a todos los actores del país. Esta sería una nueva Colombia.

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