Analistas

Post – conflicto y rediseño del Estado Social y Democrático de Derecho

GUARDAR

Los hechos son tozudos. Esa una máxima que indica que el pensamiento no puede desconocer la dura realidad, más allá  que la dura realidad no nos guste, porque aspiramos a una realidad mejor y no una chata, ruda e injusta, como lo es la actual  realidad política, social y económica de nuestra nación.

 
Asimismo, la tozudez de los hechos sugieren que un estado débil como lo es el Estado de Derecho nuestro, no es capaz de garantizarle a la sociedad y a las víctimas una justicia justa en la superación del degradado y largo conflicto armado que padece la Nación. Un post- conflicto difícil, pero post- conflicto.
 
Si nuestro estado no fuese débil, no hubiese caído en el largo y degradado conflicto armado. La debilidad de nuestro estado lo prueba los hechos de que ni siquiera ha sido capaz de garantizar el monopolio de la violencia legítima. Sin monopolio de la violencia legítima no hay sociedad civil real.
 
La propia debilidad manifiesta de nuestro Estado de Derecho, ha conducido a la necesaria negociación con bandas armadas ilegales. Es tan débil que la negociación con las bandas armadas ilegales tiene legitimidad y es necesaria. Este punto es incuestionable. Duele reconocerlo, pero es la cruda realidad.
 
Las fragmentarias informaciones acerca de los diálogos de la Habana, indica que el post-conflicto se avecina. Independiente de la ausencia de fina transparencia en los diálogos, todo sugiere  que el post-conflicto no está lejos. Igual que la dosis de cruel impunidad será alta en detrimento de las víctimas.   
 
¿Qué hacer? Primero reconocer que el Estado de Derecho actual es débil. Su debilidad condujo a la violencia extrema y degradada. La concentración de riquezas y la desigualdad apestan, lo declara la ONU. Existe una democracia muy débil. El Estado de Derecho hay que reconstruirlo, esta es la tarea.
 
Un Estado de Derecho ausente de la ciudadanía y de las regiones periféricas es el actual Estado de Derecho, Todo está concentrado en Bogotá. No es el Distrito sino en el modelo autoritario del centralismo presidencialista con su Parlamento centralizado y sus Altas Cortes que chocan entre ellas.
 
Los partidos políticos, la esencia y el valor de la Democracia, como lo expresa Hans  Kelsen, están centralizados con el agravante que su estructura no son democráticas y algunos hasta fueron atrapados por el paramilitarismo en alianza diabólica con el narcotráfico. Depurar y democratizar los partidos es una tarea. 
 
Si no se revisa el modelo de Estado de Derecho las causas que generaron el conflicto armado no se removerán. Las causas son la ausencia de democracia política y de democracia social y económica. No existe igualdad política, económica y social entre todas las personas. Esta es una sociedad de castas.
 
El actual modelo institucional centralista trata en forma despectiva a los ciudadanos de las regiones periféricas del país. Trata a los ciudadanos de las regiones periféricas como menores de edad que requieren de la guía de tutores. El centralismo ahoga la libertad política y las libertades.
 
Una invitación a todos los partidos políticos y movimientos hacia una República de Colombia en la que todos participemos en pie de igualdad se necesita. Juan B. Fernández R, en la Asamblea Nacional Constituyente de 1991 hizo esa invitación de convocar una nueva Asamblea Nacional    Constituyente.
LA REPÚBLICA +

Registrándose puede personalizar sus contenidos, administrar sus temas de interés, programar sus notificaciones y acceder a la portada en la versión digital.

GUARDAR
MÁS LR

Agregue a sus temas de interés

MÁS LR

Agregue a sus temas de interés