ANALISTAS

Obregón
jueves, 2 de julio de 2020

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Se acaba de cumplir 100 años de  nacimiento de Obregón. Obregón y García Márquez son el mayor referente cultural Caribe con el que crecimos teniéndolos como un modelo del ser Caribe ¡Tuvimos el privilegio generacional de formarnos con dos gigantes!

Obregón tenía todas las características de un ser explosivamente creativo, pero disciplinado en el desarrollo de su obra, y a la vez totalmente desfachatado.

Con García Márquez representan una rebeldía contra la pintura y la literatura tradicional y por eso desarrollan su arte basados en una imaginación sin límites, una magia que sorprende los sentidos, pero que es de común ocurrencia en nuestro entorno y que coincide con los lineamientos del realismo mágico, donde se construye un universo de cosas fantásticas y todas las cosas son posibles.

Obregón andaba por Barranquilla en un Willys destartalado similar a los usados en la guerra. Tomaba ron blanco, fumaba piel roja y permanentemente se le oía gritar que “vivimos en un país de cafres”, era su crítica a la vida burguesa que le mortificaba por utilizar unos estilos que no se compadecían con la manera ser Caribe. Promovieron parrandas colosales en La Cueva donde todavía lo recuerdan apostando a que se comía unos paco pacos.

Él y Sonia Osorio fueron una especie de almas libres en un mundo donde cada cual hace lo suyo, donde no hay posesión, no hay sometimiento y la relación fluye de una manera tranquila y fresca. Él era como un alma errante, y sin afán de acumulación de riqueza.

Su proceso creativo era explosivo, no por lo temperamental, sino porque ponía en peligro todas las reglas del arte existentes, por la exuberante generación de nuevas ideas, de movimientos, de diseños con colores audaces, rompía paradigmas. Nada quedaba igual con su torrente de ideas locas sobre cómo desarrollar cada una de sus obras. Así era su proceso creativo.

Su estilo tenía una gran fuerza, una determinación y mucha pasión y terminó pintando con unos brochazos muy definidos, distinguibles a leguas con unos colores muy llamativos y firmes. No utilizaba colores ambiguos ni pasteles. Cuando estaba en frente el lienzo sabía lo que quería y por eso no tenía que repetir los trazos ni tenía que retocarlos posteriormente, así quedaban. Y con pocos brochazos definía aves, barracudas, mojarras, peces, toros, gallos, mar: trópico.

En Barranquilla se le recuerda con inmenso cariño por sus obras, como el mural del Banco Popular, que lo hizo a la luz del día. La gente lo visitaba y él siempre estaba alegre, hablando, compartiendo, pero sin parar de trabajar.
También se le recuerda cuando meticulosamente partía con unas pinzas el mural de Cristannac en el edificio de Mezrahi o la dedicación para pintar el mural del Amira de la Rosa. También se le recordará por los dos meses que duró pintando un ángel en una icónica tumba en Juan de Acosta.

Pero su obra más emblemática sin duda es “La Violencia” que está en el museo de arte Moderno de La República, un cuerpo sin vida de una mujer embarazada con unos trazos y unas sombras que identifican la etapa de violencia de una guerrilla insensata que impuso el corte de franela como su símbolo de acción.

Sin ninguna duda Obregón representa ese realismo mágico que es normal en nuestra tierra como nuestras expresiones de filosofía de vida y con ese sello caribe que llevaremos siempre en el alma y que nos identifica con el realismo mágico como algo natural y de común ocurrencia.