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Los océanos no están en el radar del centralismo

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Sin pronunciar la palabra ‘océano’ o ‘mar’ se realizó el II Foro del Agua organizado por El Espectador e Isagen, en Bogotá.

Esta omisión en el temario y en las inquietudes presentadas ratifica que en el país prima solo un punto de vista y refleja, además, una actitud que ya parece ‘normal’: manejar los asuntos que nos compete a todos los colombianos con una perspectiva estrictamente centralista y andina que da cuenta del estrecho horizonte que hay para formular políticas correctas. El olvido al océano, es el olvido a las aguas.

Pese lo anterior, el II Foro del Agua fue un éxito, muy bien organizado y la metodología que se utilizó fue impecable: mesas de trabajo previas en las que participaron múltiples organizaciones, se profundizó en temas muy variados y relevantes como la participación de la comunidad en las decisiones ambientales y la importancia de los Planes Departamentales de Agua para que los ciudadanos tengan acceso al preciado líquido como un derecho fundamental, entre otros. 

También se abordó el ya inaplazable fortalecimiento institucional del sector ambiental para cumplir con sus tareas, para lo cual es indispensable la unidad y la independencia en el diseño institucional del Sina. En otras palabras, se requiere de verdaderas entidades autónomas y regionalizadas que se parezcan a lo que el país es. 

Se presentó el manejo de la minería como principal locomotora de la economía y se estudió la gran diferencia que hay entre nuestra actividad con la de Canadá o Chile. La responsabilidad medioambiental fue destacada como un valor humano a seguir por quienes participamos en el Foro. 

Se insistió en tener una visión ambiental más sólida, fundamentada en una educación que la construya, dirigida a las nuevas generaciones para que entiendan el impacto que tendrá el cambio climático en los ecosistemas del país. 

Recibimos, además, una abundante información sobre las cinco macro cuencas del país y la necesidad de establecer pautas y directrices para su ordenamiento y manejo. 

Se mostró el gran avance del Instituto Von Humboldt en entender cómo deben protegerse los páramos y convertir, su manejo, en un asunto de Estado para garantizar la provisión de agua a perpetuidad.

Pero, insisto, no se habló de los océanos ni de los mares, olvido consustancial al centralismo que nos agobia, responsable, entre pérdidas, como la de Panamá.   

Coincide esta omisión con el cumplimiento del primer año del fallo de La Haya sobre San Andrés que nos quitó 75.000 kilómetros de mar y que ni siquiera, ahora, fueron reclamados oportunamente para que se nos devolvieran.  No aprendemos de nuestros fracasos. La memoria de nuestro Estado es frágil. De los errores no extraemos enseñanzas.

Nuestro gobierno central no ha respondido a la solicitud que Nohemí Sanín le hizo al señor Presidente para que se revise el fallo de La Haya a la luz del “nuevo hecho”. 

Hoy es evidente, antes no, el esfuerzo que hace el gobierno sandinista de Nicaragua para concretar el Gran Canal Interoceánico. Hubo además, una serie de incidentes como los vuelos de los aviones rusos que, en su conjunto, permitirían creer que estamos ante una nueva situación que abriría la posibilidad de la revisión del fallo. Espero que esta petición justa no se quede sin tramitar. 

Lo fundamental para destacar es la actitud de que los océanos, en general, no están en el radar de quienes manejan el país, no son el foco de atención de los gobiernos centralistas, en consecuencia, se hace más que prioritario que nuevas opciones sobre el manejo del país como la de Colombia, país de regiones, sean implementadas. 

Recuperar el mar no ha sido posible bajo el modelo de Estado de Derecho centralista.  Invito a que reflexionemos sobre este álgido asunto que nos compete a todos como Nación. No se puede continuar ciegos y sordos ante los reclamos de una ciudadanía que exige la defensa del territorio, en especial de los que son bañados por dos mares. 

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