Analistas

Las cuentas en calidad educativa no dan

El presidente Santos anunció en su posesión que la educación es un eje fundamental de su gobierno y que dispondrá de $28,9 billones para ello, con lo que se supera, por primera vez, los recursos para Defensa. Sin embargo, la pregunta es si esa inversión es suficiente para atender los requerimientos de la educación con calidad que necesita el país.

Por lo que hemos investigado, no habrá recursos necesarios para mejorar su calidad. El funcionamiento común y corriente de la infraestructura de educación requiere $27 billones y si a esto le adicionamos $1,4 billones dedicados a los servicios de primera infancia, becas y alimentación escolar quiere decir que únicamente quedan disponibles, para mejorar la calidad, $437.000 millones que a todas luces son insuficientes. Casi la mitad de los $800.000 millones del año 2012.

La sola calidad requeriría $3 billones adicionales si queremos una educación primaria, secundaria y superior con calidad y masificada que cumpla con todos los requerimientos de investigación, docencia y extensión.

Las transferencias que llegan a la educación están reglamentadas por la ley 715 de 2001, la ley 30 de 1992 que hay que reformar para concretar recursos suficientes para calidad. 

En investigación, por ejemplo, es muy poco lo que hace Colombia. Mientras en Chile se escriben más de 3.000 artículos científicos por cada millón de habitantes, en México 2.000, en Brasil 1.700, en Colombia solo se publican 470.

La tarea es posicionar la calidad como lo más importante de los programas académicos para que alimente e inspire el quehacer de nuestras instituciones académicas. 

Hay que transformar la docencia para que garantice el acceso a sistemas de educación modernos y avanzados, y también la permanencia de los estudiantes en el sistema para lo cual se requiere medir los resultados en materia de calidad.

Si queremos superar las dificultades que hemos tenido en las pruebas Saber y Pisa debemos construir un sistema educativo que se enfoque más en el aprendizaje que en la enseñanza.  Que  le dé al desarrollo profesional del docente la garantía de un proceso de formación continuo. 

La educación moderna tiene que motivar al estudiante brindándole retroalimentación continua de su desempeño y que sus comunidades estimulen un rol más activo en su aprendizaje al involucrarlos y comprometerlos en sus procesos. Son retos nuevos que tiene la educación con relación a épocas anteriores: más aprendizaje y menos instrucción. 

La nueva “sociedad del conocimiento” ha puesto al sistema educativo a repensarse y a estimular una serie de cambios para que cumplan con el reto de enseñar a pensar. Educar es enseñar a pensar críticamente. Es el mayor objetivo que tiene como fundamento un mayor reconocimiento de la ciencia y la tecnología como base del desarrollo. 

Los sistemas educativos modernos requieren más lectura crítica, más capacidad para identificar y resolver problemas, más habilidades para establecer relaciones e interconexiones entre conceptos y textos.

Todo este nuevo enfoque requiere la inversión adicional que estamos defendiendo. Los recursos asignados solo permiten mantener el sistema educativo tal como está y tal vez garantiza su crecimiento, pero no va a promover un cambio sustancial en la calidad que se requiere. 

El presupuesto del Ministerio de Educación en Colombia cae como porcentaje del PIB: hace tres años la educación era el 3,58% del PIB y este año es el 3,52%.

Si esta cifra se compara con el 8,7% que dedica Dinamarca, el 7,7% de Islandia, el 7,6% de Corea del Sur o el 7,3% de los Estados Unidos caemos en la cuenta que en Colombia hay que hacer un esfuerzo realmente significativo para llevar más recursos a la calidad de la educación. Lo demás es solo discurso.