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La verdadera causa de las protestas

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Las protestas del Catatumbo llevan más de 45 días y son el reflejo de la debilidad institucional y la ausencia de Estado que hay en las regiones del país.

Estos actos coinciden con las rebeliones y levantamientos de la clase media en Brasil y Turquía contra las élites políticas y económicas.

Brasil, con su elevada inflación y desplome en su tasa de crecimiento económico tiene problemas para satisfacer las demandas sociales mientras en Turquía, donde las protestas son convocadas, principalmente, por redes sociales, se exige una mejor vida urbana contra las ‘élites extractivas’.

También ha habido revoluciones de la clase media en otras partes del mundo como: Indonesia, India, Bulgaria, Israel y Egipto. Es decir, hay una ola de inconformidades que se viene expandiendo por todo el mundo.

Todo este oleaje llega a Colombia y hay varias explicaciones para que esto se dé. La primera: hay que buscar la conexión entre los diálogos de La Habana con los crecientes y generalizados paros como el de Catatumbo y Buenaventura.

El Presidente Santos tendrá, para negociar, la doble presión angustiante de las elecciones y la ambientación tradicional de una mesa de negociación.

Es cierto, además, que en el Catatumbo se aplicó una política de fumigación a los cultivos de coca sin brindar una alternativa de sostenimiento para los campesinos.

Como también es cierto que no hay un equilibrio de desarrollo socioeconómico entre las áreas urbanas y las rurales, donde está última padece atrasos en servicios públicos y deficiencias en educación y salud.

Ha habido un evidente crecimiento en la economía que no se refleja en el mejoramiento del campo, donde no cambia las circunstancias sociales que atizan el inconformismo general.

La cruda realidad de los campesinos se fustiga con el impacto de los TLC, ya que no pueden competir con los productos tradicionales y la avalancha de importaciones.

Esta situación explota en momentos en que la gente pierde el miedo a expresarse.

Otra explicación, es la propuesta de la creación de las Zonas de Reservas Campesinas en el Catatumbo que coincide con la proposición hecha en los diálogos de La Habana, lo que implicaría una conexión temática.

El gobierno central debe enviar a sus ministros a que lideren los diálogos en el Catatumbo, de lo contrario, se dilatarán las soluciones y se romperán los diálogos porque no hay confianza. El gobierno ha ofrecido inversión en vías y un paquete social por más de $1.5 billones, en la zona. Hay que generar confianza y esto no se logra de un día para otro.

El gobierno, además,  anuncia que no va a permitir que se impongan las Zonas de Reserva Campesinas y que actuará con firmeza.

Las autoridades locales, a su vez, se sienten solas, secuestradas en su propia realidad local, al manejar un problema que no es de ellos,  pero, les toca lidiar con el desabastecimiento de elementos fundamentales para la vida como alimentos y combustibles. El habitante del común es quien finalmente sufre al no tener con quien dialogar.

Toda esta situación, repetimos, es síntoma del modelo de ordenamiento territorial del país, extremadamente centralizado y las autoridades e instituciones están totalmente debilitadas.

La solución real y definitiva es el fortalecimiento institucional de las entidades territoriales a nivel local y regional. No hay otro camino.

Tenemos que estudiar y entender el verdadero mensaje de todas estas movilizaciones de ciudadanos marginados y excluidos de la prosperidad nacional que no se sienten parte del crecimiento económico con equidad.

No obstante, estas manifestaciones de rebelión de las clases media son la semilla para una nueva germinación política y reconstrucción del Estado que tanto 

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