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La verdad sobre el gas

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Una insólita demora de 5 años para fijar las tarifas de gas ha represado inversiones por  US$800 millones destinados a la infraestructura de transporte de esta fuente de energía no renovable y si a eso se le suma que su oferta es incierta y que su precio se ha elevado, el panorama resulta poco alentador. La Comisión de Regulación de Energía y Gas (CREG) debe agilizar estas decisiones.

Colombia tiene una capacidad de producción actual de gas de 1.200 millones de pies cúbicos por día (mmpcd), pero realmente estamos en una producción cercana a los 970 mmpcd.

Nuestra demanda es de 1.000 mmpcd  lo que la ubica, en este momento, muy cerca a la cantidad producida, y tenemos, además, unos compromisos de exportación con Venezuela de 150 mmpcd.

El 70% de producción de gas está en los grandes yacimientos de La Guajira (600 mmpcd), pero este ritmo podría declinar en un futuro cercano. Es muy importante la producción de los Llanos Orientales, especialmente Cusiana y Cupiagua, con 450 mmpcd. También están los yacimientos de Pacific Rubiales y otros con 150 mmpcd.

Al analizar estas cifras, se puede concluir que ya no tenemos la abundancia de antes, y aunque hay cierta holgura, habrá que impulsar muy rápido la oferta porque en estos momentos la cercanía de la oferta y la demanda ha hecho mella en los precios que difieren del mercado internacional.

Antes mandaba el consumidor ahora hay una mayor injerencia del productor en los precios.

El precio techo del gas producido en La Guajira ha llegado a 6 dólares por millón de BTU (por sus siglas en inglés: British Thermal Unit, unidad de energía inglesa)

En cambio, en el plano internacional, los precios han bajado, especialmente en Estados Unidos, donde han encontrado importantes reservas de gas. En los últimos tres años se han multiplicado sus reservas por cinco.

Al respecto, el propio Barack Obama al comentar sobre este asunto ha dicho: “Estados Unidos se ha convertido en el Arabia Saudita del gas”.

El precio en Estados Unidos ha llegado prácticamente a la mitad del de Colombia: US$3 por BTU y antes los tenían en US$8.

Esta reducción en el precio del gas gringo, a pesar de todo, no los ha llevado, aún, a definir la política de exportación de esta fuente de energía, pero si ha motivado a muchas industrias a reubicarse en ese país, especialmente, las empresas de porcelana y cerámica, cemento, pisos, aceros, siderurgia, refinerías, todo ello por la certeza del suministro.

También en Perú han encontrado mucho gas y lo ofrecen a precios favorables.

La falta de claridad en el abastecimiento del gas tiene en dificultades a varias empresas que dependen de su suministro, especialmente, la conversión a gas de los vehículos que ha disminuido.

La solución, entonces, es que el Gobierno Nacional y la CREG agilicen todas las decisiones pendientes para aumentar la capacidad de transporte de los centros de producción a las áreas de consumo.

Como quiera que el Gobierno Nacional ya no es dueño de ese transporte, le corresponde a la empresa privada invertir, por ello, el sector gubernamental debe establecer una regulación y un régimen tarifario que incentive a los empresarios a realizar inversiones significativas. Hace 5 años estamos a la espera de esas decisiones.

Por otra parte, se ha criticado la exportación de gas a Venezuela. Algunos gremios han insistido en la importancia de no poner en peligro la actividad de las industrias en Colombia.

Es cierto que debemos proteger nuestras industrias, pero no es menos cierto que la exportación, si tiene buenos precios, incentiva la exploración. Hasta Estados Unidos ha limitado sus exportaciones hasta tanto no tenga un abastecimiento adecuado de su propia industria. Lo lógico es garantizar una provisión a siete años.

Para concluir, es importante solicitar al Gobierno Nacional y a la CREG, agilizar las decisiones, a través de las cuales, se autorice la ampliación del sistema de transporte que en la actualidad se encuentra bloqueado.

La sola celeridad en los permisos redundará en un precio más competitivo para nuestras industrias. El aumento de la capacidad de transporte dará garantía de suministros y seguramente habrá un mayor crecimiento económico que dará tranquilidad a la producción de energías térmicas.

Hace un siglo, los recursos naturales del subsuelo eran de las regiones, seguramente si ese esquema se hubiera mantenido, habría mayor celeridad en la toma de decisiones. El centralismo tiene la palabra.

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