Analistas

La rebelión y la exigencia legítima

Llegaron dos noticias importantes que se perdieron en el cúmulo de las que se reciben cada día. El presidente de la República, Juan Manuel Santos convocó a su bancada del Partido de la U, pero fue notoria la ausencia de 10 parlamentarios del Caribe y tres del Pacífico. Explicaron, que su ausencia se debió al descontento que les generó la escogencia del nuevo gabinete. 

Antes, se había anunciado que 31 legisladores del Caribe habían conformado una “comisión accidental” para garantizar mayor participación de esta Región en la administración pública y en las decisiones de poder.

La segunda noticia fueron las protestas en el Pacífico, especialmente en Tumaco, Buenaventura y Quibdó con las que se recibió el segundo gobierno de Santos. Los campesinos reclamaban mejores servicios públicos, arreglo de vías y advertían el cumplimiento de las promesas electorales. 

Llama la atención que a solo cinco días de posesionado el gobierno ya empezaban estas manifestaciones. En síntesis, estas dos noticias confirman que los votos que le dieron el triunfo a Santos fueron para garantizar una mayor atención a los problemas de las zonas costeras.

De inmediato, se caricaturizaron estos hechos y se hicieron comentarios mordaces y peyorativos como que los costeños están buscando una mayor porción de ‘mermelada’. Son las mismas críticas que recibía Simón Bolívar al salir de Bogotá en su viaje final y que fueron relatadas en “El general en su laberinto”, de García Márquez.

Queremos resaltar que nos parece positiva la búsqueda de la unidad parlamentaria para reivindicar las exigencias de las costas de acuerdo a las necesidades de su población. 

Nuestros parlamentarios fueron escogidos por el pueblo del Caribe y del Pacífico para fortalecer su unidad regional, para lograr respeto para las regiones, una mayor inversión y un manejo digno de  nuestra propia realidad. Y este querer tiene que hacerse con la mayor convicción y con la menor ambición personal para que tenga credibilidad ante el país.

Lo importante es que estas expresiones políticas no se conviertan en hechos aislados y terminen siendo flor de un día y para que tengan un efecto continuo y permanente hay que tener claridad y encadenarlas a los objetivos de la lucha regional porque las acciones aisladas se diluyen tan pronto se obtienen algunos beneficios menores.

Está en juego la organización del poder público y en la medida en que se profundice en el sentido y en el curso del proceso que queremos, se llega a la conclusión de que es indispensable el montaje de una institucionalidad que logre resultados permanentes de bienestar y desarrollo continuo.

Mientras la Presidencia de la República anuncia con bombos y platillos su total fortalecimiento y reestructuración a través de simples decretos y nombramientos con rango supra ministerial, los niveles de gobierno local y regional permanecen lánguidos, sin recursos y débiles. Que contraste. La Presidencia se moderniza busca eficiencia y rapidez de ejecución. Pero, con el mismo enfoque se fortalece el centro del gobierno, lo que llevará a más concentración de poder.

Lo importante es que estos bríos que han demostrado nuestras bancadas se utilicen para impulsar el verdadero proyecto colectivo de largo aliento y la propuesta generacional que tenemos todos unidos: La conformación de nuestras Regiones Autónomas como aparato político para impulsar nuestro propio desarrollo económico y social. El compromiso histórico de esta generación es: desarrollar la Constitución y permitir la estructuración de regiones organizadas.

Por último, queremos insistir tantas veces sea necesario y durante todo el tiempo que dure este proceso, en que sin instituciones regionales sólidas no habrá resultados permanentes. 

Las regiones están en la Constitución y llegó el momento de permitir su desarrollo.