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La realidad del calentamiento del planeta

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Como Ministro del Medio Ambiente firmé el Acuerdo de Kyoto a nombre de Colombia, el tercer país más biodiverso del planeta, el 11 de diciembre de 1997. La ilusión que teníamos los 100 ministros era frenar el deterioro del planeta por el calentamiento global.

Contrario a lo acordado, el mundo demanda cada vez más ‘energía global’,  el equivalente a 256 millones de barriles de petróleo por día, al utilizar más combustibles fósiles con predominio de petróleo, carbón y gas, los mayores emisores de CO2 que, a su vez, atizan aún más el  calentamiento del planeta.

El mundo trabaja muy activamente en dos frentes: el primero, el frente científico dirigido por el Panel Intergubernamental de Cambio Climático que lideran 259 expertos de 39 países que han elaborado el Quinto Informe sobre calentamiento global.

La conclusión es que hay que actuar urgentemente para detener el calentamiento del planeta provocado por el hombre, “Hay que despertar, porque la humanidad está jugando con fuego”, aseguró el Secretario de los Estados Unidos, John Kerry.

La humanidad tiene conciencia de este fenómeno desde 1950. Lo más grave es que el planeta en los próximos 100 años subiría su temperatura entre 1.5 y 4.8 grados centígrados. Este incremento alterará todos los ecosistemas y los conducirá a un proceso de destrucción paulatino e irreversible.

El principal impacto será en el recalentamiento de las grandes masas oceánicas que producirán una energía calórica que afecta, en gran medida, la circulación oceánica y su comportamiento. 

Este fenómeno se unirá a la disminución de las capas de hielo en Groenlandia, la Antártida y los glaciales del ártico lo que ocasionará el aumento del nivel del mar en casi 80 cms lo que cambia sustancialmente los regímenes de lluvias, se provocarán tempestades y maremotos cada vez más severos. También habrá sequías, lo que llevaría al paulatino proceso de destrucción de los ecosistemas tal como los conocemos hoy.

El segundo frente es el político que se maneja desde la ONU con los Acuerdos de Cambio Climático. El principal reto es garantizar la vida de la tierra y renovar infraestructuras de producción industrial y de energía  para que sean muy bajas en emisión de carbono (CO2), con tecnologías más eficientes.

También habrá que darle apoyo financiero y tecnológico a todos los países desarrollados y en vía de desarrollo para garantizar que hagan la reconversión industrial. 

La firma del Acuerdo de Kyoto incluyó el volumen de emisiones de CO2 permitidas a cada país y creó un novedoso mercado financiero que motivaría a las naciones y sus gobiernos a disminuir las emisiones. Este mecanismo se denominó “Mecanismo de Desarrollo Limpio”.

Nada de esto fue suficiente porque Estados Unidos no se acogió al  Protocolo de Kyoto porque su Congreso no lo aprobó, en razón, de las dificultades que tuvo el entonces presidente Clinton con la becaria de la Casa Blanca, Mónica Lewinski. Hoy es una de las graves consecuencias que vive la humanidad.

En la actualidad, el protocolo de Kyoto es acogido por pocos países que no son precisamente los que más emiten, y estará vigente hasta el 2020. Desde ahora empiezan a gestarse los nuevos acuerdos que deben ponerle punto final a esta acelerada emisión de CO2.

Este año, en noviembre, se reunirán en Bonn (Alemania) nuevamente todos los países para continuar con la construcción de una actitud mundial con respecto al cambio climático. O lo hacemos o lo hacemos porque los campanazos de alerta que nos está enviando la naturaleza serán irreversibles.

Cada vez más tendremos un planeta con los ecosistemas más destruidos por falta de acción de los gobiernos y de una conciencia mundial sobre la gravedad del calentamiento del planeta.

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