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La desigualdad en Colombia (II)

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Continuamos con el análisis de la desigualdad socioeconómica en el país y las propuestas de solución que se plantean en el libro “La desigualdad en Colombia”. Un asunto relevante es el desequilibrio intrarregional: pobreza no es lo mismo que desigualdad, es por esto que muchas de las reformas tributarias que se hacen con el pretexto de resolver la inequidad, finalmente son “reformas tributarias centralistas” que concentran más los recursos del recaudo en el Gobierno Central, en detrimento de los gobiernos locales que podrían trabajar directamente en contra de las inequidades entre regiones.

Clave en todo esto, la distribución del ingreso y de la riqueza, y la concentración de la propiedad rural y de los procesos de industrialización que dirige y orienta directamente el Estado. Especialmente, durante los años 30 y 70 hubo altos niveles de intervención de los gobiernos que, al proteger industrias y sectores agrícolas, promocionaron exportaciones con intereses que, finalmente, terminaron por agravar la concentración de la riqueza.

¿Qué hacer? es la gran pregunta. Se requiere trabajar en muchos frentes, entre otros, políticas tributarias progresivas, pero con transferencia de ingresos para materializar más gasto social que tenga un efecto redistributivo del Impuesto de la Renta a las empresas.

También hay tareas por hacer en relación con una genuina democracia de propietarios, con mayor justicia de equidad como lo propone el filósofo John Rawls, pero el factor que más incide en la equidad futura de un país es la Educación, clave para escapar de la trampa de la pobreza y cerrar la brecha de la desigualdad de ingresos.

Muchos sectores productivos de la economía no generan suficiente empleo formal, y por eso se aumenta la informalidad. La política exportadora es prioritaria para promover oferta en ese sentido, y las empresas con productos no tradicionales están llamadas a agregar valor y conocimiento, y generar mayor calidad de empleo.

Obviamente, hay que mantener el ritmo del crecimiento del petróleo y carbón y otras exportaciones tradicionales, no obstante, se debe privilegiar la competitividad y fortalecimiento de los productos del campo, altas tecnologías, farmacia, química, confecciones y demás que son los que nos agregan valor e inciden en la posición de país en el Atlas de Complejidad Económica. También se debe analizar el impacto del nuevo orden tecnológico y la robotización en los proyectos productivos por el desarrollo de máquinas con inteligencia artificial que se conoce como la Cuarta Revolución Industrial.

Temas como la nanotecnología, la biotecnología, la impresión 3D y la proliferación de máquinas cambiarán sustancialmente el empleo. Hasta Zuckerberg ha reconocido que llegarán tiempos de inseguridad por la automatización y, aunque aparecerán nuevos empleos, también desaparecerán muchos.

Cada país tendrá que escoger democráticamente su modelo de Estado, para lo cual hay múltiples alternativas, pero lo importante es que el escogido tenga un impacto real en la justicia como equidad, como lo propone Rawls.

También se critican los programas meramente asistencialistas que crean una subclase dependiente de diminutas ayudas en vez de apoyarlos para producir y vivir de ello.

La realidad es que este tema de la desigualdad en Colombia se debe asumir con intensidad y claridad para lograr las transformaciones reales que se requieren.

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