Analistas

Gabo: caribe universal

Cincuenta años hace que “Cien años de soledad” fue editada y puesta a disposición de los lectores del mundo. El 30 de mayo de 1967 salió a la luz la obra magna del genio heredero de Cervantes y, no solo de Cervantes, sino de toda la tradición del Caribe, de esta cultura rica que incluye toda una amalgama lingüística y mágica que cubre países y mares, idiomas y diversidades étnicas, colores y fantasías, tragedias y alegrías. En fin, toda una cultura que fusiona lo negro, blanco e indígena con pinceladas de otras latitudes.

Cincuenta años hace que “Cien años de soledad” fue editada y puesta a disposición de los lectores del mundo. El 30 de mayo de 1967 salió a la luz la obra magna del genio heredero de Cervantes y, no solo de Cervantes, sino de toda la tradición del Caribe, de esta cultura rica que incluye toda una amalgama lingüística y mágica que cubre países y mares, idiomas y diversidades étnicas, colores y fantasías, tragedias y alegrías. En fin, toda una cultura que fusiona lo negro, blanco e indígena con pinceladas de otras latitudes.

El lenguaje mágico de Cien años de soledad, su musicalidad, un vallenato escrito en sus páginas, como Gabo decía, es poesía y prosa de un modo de ser y sentir de la Región Caribe, un Caribe que transciende en el lenguaje y crea su universo: Macondo, un Caribe dotado del espíritu de una cultura que se manifiesta y se impone con su poder de seducción por contener la aspiración de libertad a flor de piel. 

Cien años de soledad, un canto a la libertad. Lo es, como lo es El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha. Es una especie de nuevo mundo en clave Caribe. Es la voz de una cultura que desea ser reconocida en el universo y dice: “presente”. Cultura que lucha porque se le respete e incluya, que no se le controle y gobierne desde lejanos centros de poder. Y dice: “formo parte de la memoria universal”.

Cien años de soledad es el grito de una cultura y tradición despreciada que pide y logra el reconocimiento de su diversidad, exige justicia y lucha por su autonomía política. Autonomía que se personifica en la tenacidad de Aureliano Buendía, un general liberal y federalista que se enfrenta en guerras civiles por la libertad de su amada cultura y tradición porque es gobernada desde el lejano centro de poder andino. Un general que es derrotado, pero no renuncia a la libertad.

Liberal, federalista y laico es Aureliano Buendía. Un soñador que es obligado a participar en las guerras civiles ante los atropellos de las decisiones centralistas que han privado a los viejos Estados federales de libertad política. Cien años de soledad nos recuerda que la república era federal y que los Estados terminaron reducidos a dependencias administrativas y se perdió la autonomía de las regiones.

García Márquez pone de presente en Cien años de soledad como las guerras civiles nacieron de la exclusión y el despojo, de la intolerancia a lo diverso, de la idea de superioridad del mundo andino sobre el Caribe y del miedo a que nuestra descendencia traiga hijos marranos a la vida, una clave en la que se describe la persecución a los judíos, tal y como recuerda el filósofo español Manuel Reyes Mate en su obra La herencia del olvido. En Macondo está la fusión del cristiano, judío y el musulmán con el negro y el indígena.

Cien años de soledad es la presencia femenina del Caribe, es Úrsula Iguarán, la indomable mujer que con su conducta guiada por la inteligencia y sus sentimientos, sostiene la sociedad.

Es la magia y la ciencia, lo tradicional y lo moderno, es la memoria de un pueblo que no renuncia a la esperanza y a la libertad. Cien años de soledad, sigue siendo una voz autorizada moral y literariamente que nos interpela a que no renunciemos a la lucha por alcanzar la autonomía política de las regiones periféricas, gobernadas desde lo lejos. Aureliano Buendía fue derrotado en 32 guerras civiles, más sus derrotas son el abono de nuestra irrenunciable lucha por la regionalización.