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Estados Unidos y su tentáculo económico en América Latina

América Latina está sufriendo con el manejo económico y la política monetaria de los Estados Unidos, hecho que incluye obviamente a Colombia. 

 
El problema se origina por la abundante emisión monetaria que está haciendo ese país a través de su política expansiva que, al parecer, la mantendrá por largo rato: las bajas tasas de inflación y los bajos intereses en Estados Unidos le han dado el espacio técnico para  emitir  en exceso.
 
La consecuencia de esta sobreliquidez se convierte en mercancía barata que se trae, especialmente de China, para invadir a América Latina con productos que podemos producir aquí como telas, confecciones, alimentos y licores, entre otros.
 
Estados Unidos imprime dólares y nos obliga a revaluar. Esto impacta, de manera negativa, en el aparato productivo y en el empleo de nuestros países.  Todo indica que seguirá haciéndolo para poner a funcionar su economía a punta de emisión.  De esta manera, importará a más bajo precio lo que necesita. 
 
El momento de dificultad económica que atraviesa Estados Unidos se refleja en el sorprendente impacto que ha tenido la crisis de Chipre, país que trata de obtener un  ‘rescate’ económico por 10.000 millones de euros, operación que fue condicionada a colocarle unos  impuestos a los depósitos bancarios en esa Nación. La sola condición despertó una airada reacción.
 
No es normal que medidas de carácter económico en ese pequeño país del mar Mediterráneo sorprenda a la economía del Tío Sam y cause pánico en sus mercados y sus  autoridades de la Reserva Federal.
 
Por otra parte, el enfoque del manejo del problema en Latinoamérica es equivocado, en especial, la manera como nos gastamos la avalancha de dólares. No estamos invirtiendo ni en desarrollo tecnológico, ni en maquinaria, agrícola ni en construcción de infraestructura, ni mucho menos estamos ahorrando. 
 
Hoy traemos productos, en especial, materias primas que nosotros producimos más caras. Esas importaciones compiten con la producción local y le quitan empleo a nuestra gente.
 
Tanto el sector público como el privado deberían llegar a un gran acuerdo para invertir con visión de largo plazo y sembrar en esta bonanza. Parece una bobada pero no lo es, parece fácil, pero se equivocan. Lo importante es tratar de evitar que ingresen productos extranjeros que compitan en un plano de inequidad radical con la producción nacional, de por sí afectada por la enfermedad holandesa, es decir, el impacto severo sobre los exportadores, quienes, cada vez más, reciben menos ingresos por la revaluación del peso colombiano.  
 
Sin embargo, no debe perderse de vista que Colombia tiene que aprender a ser competitiva -no basar su competitividad en la no-revaluación de su tipo de cambio-  sino en una genuina y sostenible productividad. Modernización e innovación tecnológicas son las claves estratégicas. Cada quien a lo suyo.
 
Las autoridades económicas de Colombia deben buscar los caminos que más le convenga al país. Debe haber un plan de choque para evitar la caída de la economía y en especial la generación de empleo digno. El dialogo estamentario entre los actores económicos es indispensable. Hay que proteger más nuestra economía.
 
Desde 1974, Rodrigo Botero anuncio, por primera vez, que empezaría a abrirse la economía y hemos recibido permanentemente señales de alerta que nos indican que la globalización nos iba a golpear; sin embargo, nuestro aparato productivo ni se preparó ni lo capacitaron: no hubo modernización consciente, no hubo relocalización de las industrias hacia las zonas portuarias de manera ordenada, no hubo innovación y no se buscaron nuevos mercados. 
 
No hemos sido capaces de construir mayor eficiencia productiva, por el contrario, y salvo escasas excepciones, seguimos manejando las empresas de la misma manera y con los mismos enfoques, de allí que sigamos sufriendo por los mismos males.
 
Es otra circunstancia que también debemos analizar.