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El SÍ por la democracia, la paz y la tolerancia

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El Sí, en el plebiscito del próximo 2 de octubre puede ser de gran ayuda para la construcción de una cultura democrática, pacífica y tolerante. Puede ser porque el SÍ tiene que ir acompañado de una fuerza y ambiente de pluralismo que fomente el entendimiento y la armonía entre los colombianos, por esto, la deliberación tiene que ser abierta, sin agresiones verbales o físicas,  sin descalificar ningún punto de vista.  Simple y llanamente tiene que ser un debate civilizado.

La democracia no es perfecta. La democracia no permanece estática, es dinámica por su naturaleza. La democracia es autocrítica y funciona con ensayo y error. La democracia es procesal. La democracia es en esencia deliberación pública en un ambiente de pluralismo. La democracia es un lugar de público encuentro y debate político. La democracia promueve la paz, pero no es la paz. 

La democracia y la paz necesitan de la tolerancia a semejanza de las especies vivas que necesitan del aire para la subsistencia. Sin tolerancia no será posible la paz y la democracia. Una cultura de tolerancia no cae del cielo, por el contrario, nace de la dificultad. 

Recuerdo a Gotthold E. Lessing, que en su reflexión “Acerca de la verdad”, dice: “Si Dios tuviera encerrada en su mano derecha toda la verdad y en su izquierda el único impulso que mueve a ella, y me dijera: “Elige”, yo caería, aun en el supuesto de que me equivocase siempre y eternamente, en su mano izquierda, y le diría: “ ¡Dámela, Padre! ¡La verdad pura es únicamente para ti¡”. La verdad pura no está al alcance de nadie. Simple y llanamente trabajemos por su búsqueda en un ambiente de paz.

Una cultura de tolerancia no se logra ni se logrará con gritos e improperios. Se logra si creamos un ambiente de entendimiento y respeto en la vida púbica. Lo que ha engendrado el monstruo de las guerras internas en el país es la intolerancia. 

Los que se consideran – y se han considerado dueños de la verdad y del poder y han montado un escenario de exclusión- deben considerar que es necesaria la tolerancia ante la diferencia. Este es el sentido de votar por el SÍ.  

No digo que el voto por el SÍ en el plebiscito es obligatorio, menos, señalo con el dedo acusador como enemigos de la paz a quienes no lo hagan. Nada más lejos de mi formación y mi espíritu tolerante. Llamo la atención para que se dé la legitimación de la política como medio para superar la guerra, por eso se requiere el voto por el SÍ. 

Podemos no compartir en su integridad los acuerdos de La Habana. Es válido. En lo que no se puede disentir es que las negociaciones han conducido al desarme de un grupo violento y que este desarme, desmovilización y reintegro contribuyan a la democracia y la paz. Esta realidad política es un argumento fuerte para votar por el SÍ. Los desacuerdos que existen en los textos de los acuerdos pueden y deben ser debatidos en la vida pública. Y van a ser debatidos, no lo dudemos. Eso es democracia.

Nadie tiene la verdad en una democracia, no obstante, todos tenemos derecho a perseguirla.  Los argumentos a favor de la superación de la guerra, la paz y la democracia son razonables. Por ser razonables no constituyen la verdad, pero justifican el voto por el SÍ. La verdad es que todos tenemos el derechos a vivir en paz y en tolerancia, y la guerra es enemiga de la sociedad democrática. Por salir de la guerra bien vale la pena votar por el SÍ. Votemos en forma masiva, en paz y en tolerancia. Pongámonos la camiseta por el Sí. 

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