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‘Descontento endémico’ catapulta el voto en blanco

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Un fenómeno político que ha tenido presencia en los últimos 20 años en América Latina es el conocido en la ciencia política como ‘descontento endémico’. Su característica esencial es que la ciudadanía se rebela, en las urnas, al derrotar el partido de gobierno que pretende reelegirse.

Al lado del ‘descontento endémico’, ocurre ‘la des-institucionalización del sistema electoral y la desalienación partidista’: En la ‘des-institucionalización’ pierden valor y estabilidad las organizaciones y los procedimientos, entre tanto, la ‘desalineación partidista’ engendra la pérdida de legitimidad de los partidos políticos y la desconfianza de la ciudadanía frente a estos.

La ‘desalineación partidista’ facilita el surgimiento de liderazgos personalizados, en forma radical, hecho que explica fenómenos políticos como el Uribismo. 

El profesor venezolano José Molina Vega, PhD de la Universidad de Londres, en su trabajo “Personalización de la política y nivel de institucionalización del sistema de partidos en la Región Andina: causas y consecuencias” identifica la manera como este fenómeno creciente, afecta la calidad de la democracia en Colombia. Una democracia en crisis.

El Descontento Endémico es ante todo el resultado de la incapacidad de los gobiernos de América Latina de superar el subdesarrollo económico, social y cultural, el fracaso para la creación de sociedades sin odiosas desigualdades y con alta concentración de riquezas, asociadas al incumplimiento de las promesas electorales y una alta dosis de clientelismo y corrupción.

La respuesta de las élites políticas ha sido contribuir al proceso de Desinstitucionalización. Han cerrado, aún más, los espacios políticos a la ciudadanía con un empobrecimiento de la democracia. Una figura que sobresale, en este sentido, es la reelección presidencial inmediata y, a su lado, los frenos que se le han impuesto a la posibilidad de crear partidos políticos y candidaturas alternativas.          

Las reformas constitucionales en América Latina comprueban estas reflexiones. Introdujeron la reelección presidencial inmediata y los frenos constitucionales a la libertad de crear partidos políticos y candidaturas presidenciales por fuera de las élites políticas. Así se hace en nuestro país y el Descontento Endémico aumenta en el panorama político.

Por el contrario, ante las promesas incumplidas por los gobiernos y el afianzamiento del clientelismo y la corrupción, el Descontento Endémico se aparece hoy mimetizado en el voto en blanco para la próxima elección presidencial. La alta tendencia del voto en blanco es una reacción democrática de la ciudadanía.

El voto en blanco para las elecciones presidenciales indica que hay cierto descontento por las recurrentes propuestas presidenciales que afianzan el centralismo, por ello, es necesario que entre, con determinación, el discurso de fortalecimiento de las regiones mediante acciones concretas.   

Pensar en la posibilidad del triunfo mayoritario del voto en blanco en la elección presidencial nos abre un panorama que no hemos visto jamás. Además de ser novedoso para nuestra vida política republicana, sería también la expresión de una revolución democrática en la que la ciudadanía, sin violencia, pide profundas transformaciones políticas en la deteriorada democracia colombiana.

Los excesos del Estado centralizado que fomenta la desigualdad, la corrupción, el clientelismo y la concentración de poder y riquezas en élites sociales, políticas y económicas alimentan no solo el descontento de las regiones hacia el centro sino la posibilidad de que el voto en blanco gane más terreno. 

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