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Así debemos invertir ahora

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Eduardo Verano de la Rosa Exgobernador del Atlántico

Debemos orientar recursos para atender el impacto que dejarán en nuestra economía el coronavirus, la caída del precio del petróleo y el alza del dólar.

Los objetivos eternos, aún en épocas críticas, serán siempre los mismos: crecimiento económico, empleo y estabilidad monetaria y económica. No cambiar el rumbo en esta etapa de recesión planetaria sería un error. Hay que evitar el incremento del desempleo y la pobreza.

Utilicemos una mezcla, ya estudiada, de los instrumentos tradicionales de la política monetaria: el control del Banco de la República sobre la oferta monetaria, las operaciones de mercado abierto y en especial la emisión de moneda que se podrá dirigir a actividades económicas previamente definidas.

Ha habido críticas por el uso, a manera de préstamo, sin costo y por tanto más barato, de los recursos ahorrados en el Fonpet (Fondo Nacional de Pensiones de las Entidades Territoriales) y el FAE (Fondo de Ahorro y Estabilización) que están a disposición de las entidades territoriales y locales para crear un nuevo fondo que se alimentará básicamente del Presupuesto Nacional para financiar inversiones en la cuarentena.

Adicionalmente se podrán utilizar otros 3 instrumentos de política monetaria: La emisión de moneda para controlar la inflación, utilizar las reservas internacionales que en este momento están en US$53.000 millones y, finalmente, flexibilizar el déficit fiscal que nos exige la Ley de Financiamiento que está en 2,6 % del PIB que podría ampliarse 1 % y no tratar de bajarlo este año. Así tendríamos mayor holgura para atender la situación.

¿Hacia dónde van estos recursos? Lo más importante es concretar, como lo ha hecho el Decreto 444 del Gobierno, hacia dónde van estos recursos y definir la cuantía total. No obstante, se requieren otras medidas como prorrogar y aliviar los pagos de deudas de los Gobiernos nacional, locales, y sector privado.

Tarea clave: alimentar a la gente, que no haya hambre y dar tranquilidad para evitar saqueos y violencia. Fortalezcamos el sistema de salud no solo con la compra de respiradores para el coronavirus, hay que impedir la proliferación de otras pestes. Tenemos que fumigar, vacunar y desratizar.

También hay que mantener los subsidios salariales y laborales y hacer transferencias en efectivo a los más pobres. Otra inversión importante es el control del orden público, tarea difícil que requiere financiación especial.

Hay que modificar el presupuesto del año con los $15 billones no previstos, también se habla de refinanciar diversas actividades por $20 billones y reafirmar garantías por $50 billones para apoyar a los empresarios.

La política económica central puede controlar el suministro de moneda, más no la demanda de moneda y recursos. Hay que evitar al máximo una recesión económica como la de 2008. Ya los expertos estiman que América decrecerá 2,7 % y se afectará el aparato exportador, el turismo y las remesas familiares. Toda esta situación obligará a grandes acuerdos internacionales.

El desafío es evitar que se afecten los programas contra la pobreza, la reactivación económica y la construcción de infraestructura. Hay que calcular las necesidades para no quedarnos cortos. Es un reto gigante, pero tendremos que hacer el esfuerzo económico de acuerdo a la nueva realidad que solo conoceremos al terminar la pandemia.

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