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Aprender para el futuro, en tiempo presente

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La revolución de la educación superior que genera el uso de las redes virtuales de internet es lo más esperanzador en la construcción de futuro. Así lo destaca Thomas Friedman en el New York Times.

 
Considera que esta es una de las herramientas más poderosas para que la gente pueda salir de la pobreza, mejorar sus habilidades y sus condiciones laborales.
 
Millones de personas inteligentes quedan marginadas de los procesos educativos por el alto costo de las matriculas de las universidades.
 
A su vez, las universidades tienen poca habilidad para bajarlos porque tienen que ofrecer múltiples programas y disciplinas que requieren el sostenimiento de la infraestructura, dotación y nóminas supremamente costosas para la investigación, laboratorios y bibliotecas. Se suben los egresos y, por lo tanto, las matriculas.
 
Las universidades de Stanford y Massachussets Institute of Technology han creado nuevas empresas de educación virtual dirigidas por especialistas en computación y redes de Internet para masificar la educación.
 
Se calcula que en la actualidad hay más de 2,4 millones de estudiantes que están tomando 214 cursos en 33 universidades norteamericanas. Esta cantidad de alumnos es mayor a la de todos los egresados que han tenido esas universidades en el pasado.
 
Esta revolución de la educación superior en línea va a cambiar, además, todo el sistema de ayuda extranjera que ha manejado los Estados Unidos. 
 
El ejemplo con el que ilustra Friedman este fenómeno da cuenta de que en un cuarto de una pequeña villa en Egipto podrán converger dos docenas de computadores con acceso a internet satelital de alta velocidad, un profesor como facilitador y un grupo de estudiantes que podrá tomar cursos avanzados con los mejores profesores de cada universidad y con subtítulos en árabe.
 
Es famosa la anécdota de Daniel, un muchacho autista que ha tenido éxito en un riguroso currículum académico a través de un curso virtual en línea porque no tiene que enfrentar todas las dificultades que tiene un joven con déficit de atención y problemas de relaciones sociales, además, no lo obligan a mirar a nadie a los ojos.
 
Estamos muy cerca del momento en el que se creen centros de formación que brindarán los mejores cursos, con los mejores docentes de todo el mundo, lo que representará una verdadera transformación en la manera cómo la gente va a aprender en el futuro.
 
Durante mi gobernación, en el departamento del Atlántico tuvimos la oportunidad de construir, con el apoyo del MinTic, la primera red de fibra óptica del país, con una inversión de $6.500 millones. Se instalaron más de 500 kilómetros de fibra óptica lo que permitió cubrir todo el departamento: 23 municipios y 19 corregimientos. 
 
Pero no basta con construir esa red. Es necesario que los encargados de la educación superior utilicen esas nuevas tecnologías. Las universidades y el Sena deben reestructurarse y pasar de la teoría a la verdadera práctica de la educación superior virtual: allí está el reto.
 
Hay que reconocer que uno de los principales desafíos que enfrenta la educación virtual es la deserción académica. La costumbre de muchos años de educación presencial no construyó la autodisciplina que se requiere para entrar a cursos virtuales. Muchas veces el tutor virtual no ‘engancha’ a sus estudiantes o tiene respuestas demasiado demoradas.
 
Sin embargo, la gran ventaja que se tiene es que hoy es más factible una oferta de una educación virtual a muy bajo costo,  y si una persona adquiere la disciplina que se requiere, hará más cursos y obviamente será más capaz y mejorará sus condiciones de vida. Lo que al final es lo que nos interesa.
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