Analistas

Recuperando la sensatez

El mundo respiró aliviado con la derrota de Marine le Pen, candidata de extrema derecha a la presidencia de Francia, que intentó camuflarse, negando su pasado antisemita acercándose a la comunidad judía y recogiendo sus posiciones radicales sobre discriminación racial. En temas como el aborto, frente al cual llegó a proponer que el Estado se responsabilizara de los hijos no deseados, cambió su posición y le tomó distancia a los sectores partidarios del matrimonio de personas del mismo sexo. 

Las democracias occidentales contuvieron el aliento, después del triunfo del Brexit en el referendo del Reino Unido y de la victoria de Donald Trump en los Estados Unidos, pues el discurso de Le Pen, centrado en el nacionalismo, el rechazo a la inmigración, la expulsión de ilegales, el derecho al trabajo de los franceses acosados por el desempleo, el proteccionismo económico y el Frexit, vía referendo, contenía todos los elementos que amenazaban generar un tsunami de la derecha populista envalentonada en otros países europeos.

La llegada al Elíseo de Emmanuel Macron, el más joven presidente de la república francesa, al frente del movimiento ¡En Marche! significó la derrota de los partidos tradicionales y el triunfo de una posición moderada y ponderada frente a lo que encarnaba Le Pen, que no vaciló en usar todas las artimañas que se han puesto en práctica en otras latitudes, falseando la verdad y recurriendo al cinismo para engañar al elector.

 Macron supo mostrarle a los franceses el camino de la ponderación. Francia tiene un desempleo casi estructural de 10% y no vaciló en proponer la eliminación de 120.000 empleos oficiales para reducir el gasto fiscal en un país cuya burocracia ha crecido hasta niveles insostenibles. Reducir la abultada deuda pública y recuperar el crecimiento que en los últimos cinco años no ha podido superar la barrera de 2% del PIB, son tal vez los retos más ambiciosos bajo el fantasma de la cohabitación.

Imposible desconocer la influencia que tiene para el mundo globalizado el triunfo de Macron. Amaina la tempestad y la política internacional recupera su cauce normal. En Colombia hay verdades irrefutables y temas relevantes diluidos en la moda perversa de la posverdad o de las mentiras de la globalización que no pueden seguir siendo tratados como temas de campaña por la derecha y por los enemigos de la paz. Según la Cerac (Centro de Recursos para Análisis de Conflictos), en los últimos ocho meses se han evitado 2.670 muertos y según el Hospital Militar el número de amputados por causa de la guerra tiende a cero. No hay masacres ni pueblos destruidos desde que las Farc acordaron el cese al fuego que, sin lugar a dudas, han cumplido a cabalidad.

 En el tema de Justicia, existen reparos a la Justicia Especial de Paz que el Gobierno debe tener en cuenta para hacer ajustes; sin embargo, no deja de llamar la atención que se siga obstinadamente hablando de impunidad cuando, según el Fiscal, la impunidad de nuestra justicia llega a 99% y la ley de Justicia y Paz para la reincorporación de los paramilitares, a octubre de 2016, había producido 22.880 sentencias sobre 312.611 delitos cometidos . 

La Ley de Tierras, la Reforma Electoral y  el Estatuto de la Oposición, entre otros, son  temas urgentes, aplazados por décadas, que en buena hora surgieron en el trámite de la paz y que no pueden despreciarse con tanta arrogancia. Soplan nuevos vientos, el “coco” de Venezuela y del castrismo, se está desgastando. Es urgente moderar el discurso y recuperar la sensatez.