Analistas

Crisis de confianza

Desconcierta la lectura que de la realidad nacional hacen cada uno de sus protagonistas, pues se impone la sabiduría popular cuando reza que cada cual opina de acuerdo a como le va en la fiesta. Lo primero que impresiona es la rebosante lozanía del sistema financiero colombiano que en el precario crecimiento económico del año pasado del 2%, brilló por su destacado desempeño del 5% con ganancias superiores a los $12 billones. 

Hace unos años, Luis Carlos Sarmiento, celebrando el crecimiento ininterrumpido del sector, expresaba su complacencia porque ese exitoso desempeño se traduciría en bienestar hacia los sectores mas desfavorecidos de la población. Está claro que los buenos propósitos de nuestros prósperos banqueros, no coinciden con los precarios avances en lo social, particularmente en lo que se refiere a la desigualdad, como lo recalcó el premio Nobel, Stiglitz, en su última visita a Colombia.

El Gobierno, por su parte, con el Presidente y el Minhacienda a la cabeza, no descansan de predicar optimismo sobre el futuro desempeño de nuestra economía, pero todo indica que la realidad es bien diferente. El desempleo subió al 11,7% y el índice Colcap de la Bolsa de Colombia ha venido descendiendo desde el principio del año, en contraposición a lo que viene ocurriendo en las bolsas de casi todo el mundo, incluyendo las de Latinoamérica. Solamente el leve repunte de los precios del petróleo avala un crecimiento del 2,5% en el próximo año.

Lo que debe tener claro el Gobierno es que debe ser excesivamente celoso en el manejo del gasto, si no quiere pasar graves afugias; mas aún, cuando los compromisos económicos del acuerdo con las Farc no dan espera y exigen cabal cumplimiento, pues no son pocos los colombianos y los opositores del Gobierno que añoran el fracaso del proceso. 

La encuesta Gallup confirma el pesimismo de los ciudadanos y la divergencia de percepciones que hay entre la opinión y el Gobierno. El 73% de los consultados creen que las cosas en el país van empeorando; y más de la mitad (54%), consideran que la corrupción y la falta de poder adquisitivo son los principales problemas, hoy por hoy. Hay también cifras preocupantes que muestran la percepción negativa de gran número de colombianos frente a temas de palpitante actualidad: corrupción (85%), economía (82%), desempleo (72%), costo de vida (91%), inseguridad (85%), medio ambiente (75%), asistencia a la vejez (67%), calidad y cubrimiento de la salud (82%), lucha contra la pobreza (69%); lo que podría explicar el 29% de aceptación que tiene el presidente Santos según la mencionada encuesta.

 La Justicia sigue de capa caída, pese a que los colombianos pagamos un alto costo por ese servicio, pero su desempeño no se compadece con la generosa inversión. El año pasado el ministro Cárdenas señalaba que de los  $33,6 billones de gastos generales y de personal, $7,5 billones iban para el sector Justicia, que incluye Fiscalía, Rama Judicial y Ministerio de Justicia. Según cifras de la muestra Gallup: la Corte Suprema de Justicia tiene índices de desaprobación del 61%, el sistema judicial del 82%, la Fiscalía del 52%, y compiten palmo a palmo, en desprestigio, con el Congreso (79%), los partidos políticos (85%), y las Farc (77%).

Personalmente fui víctima del inexplicable proceder de nuestro costoso aparato judicial. Un personaje con ínfulas de Bróker, vendió un inmueble que teníamos en compañía y resolvió guardarse mi parte; después de diez años de implorar justicia, el juez resolvió la querella a su favor, por un error de procedimiento, y se consumó el asalto de otro ladrón de cuello blanco que, horondo y sonriente, se pasea por los pasillos del Nogal. ¡Bendita seas Justicia aunque así nos trates! 

Forzoso es concluir que el efecto del ajuste económico, atribuible en parte a la reforma tributaria, apenas comienza a sentirse y que, aunque existan diferentes experiencias y percepciones, el país necesita recuperar la confianza perdida.