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Análisis 31/10/2026

El amorío perfecto: Tecnología y pornografía

Dora Glottman
Escritora
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La primera vez que vi pornografía fue en DVD. Una amiga encontró el disco en la mesa de noche de su papá. La novedad fue doble para mí: no solo me estrenaba en el mundo de lo prohibido, sino que era también la primera vez que veía un DVD. Y no porque viviera aislada, sino porque la pornografía ha sido desde siempre uno de los principales promotores de la tecnología.

Es una industria que, se estima, factura US$97.000 millones anuales y cuyo crecimiento llega hasta 9,5%, según MarkNtel Advisors, que analiza este tipo de datos. Los portales porno tienen más visitas que Netflix, X y Amazon sumados. De los sitios web, 12% son para adultos y, el dato más impresionante, 20% de la totalidad de las búsquedas en internet son XXX.

Me presento: me llamo Dora Glottman, soy escritora, gerente de una empresa y periodista. Escribo mayormente sobre erotismo, pero me interesan muchos temas más. El erotismo es el extremo opuesto de la pornografía: se basa en estímulos mentales, recorre lento la piel, seduce, se anticipa, se saborea. El porno va directo “a lo que vinimos”. Sin embargo, hoy comienzo por ahí, pues al leer sobre su relación con la tecnología encontré información casi tan obscena como el porno puro y duro.

Descubrí, por ejemplo, que las películas XXX se veían en videocasete un año antes que las de Hollywood. Y por el porno murió el Betamax. Sony lo lanzó en 1975, pero prohibió su uso para contenido adulto. El VHS no le puso trabas y sepultó al Betamax. Otro dato: fue la primera industria que cobró en línea con tarjetas de crédito, con lo que llegó a un nuevo nivel en el mundo digital. Ya nadie esconde discos: hoy es tan fácil como teclear un par de palabras en el computador o el celular, y el universo XXX está al alcance de todos, gratis; los portales ganan cobrando por los comerciales. Ese dato no es menor: por ser gratuito, su alcance es inimaginable.

Pero hay que resaltar una tragedia ligada a su fácil acceso: la de los niños que consumen contenido para adultos, lo que distorsiona su entendimiento sobre la sexualidad y les genera adicciones, traumas y frustraciones. La gente niega su consumo, pero los números no mienten: más de 70% de los hombres adultos y 40% de las mujeres buscan pornografía regularmente, y cada vez son más, por la tecnología.

Así las cosas, ¿qué esperar de esta industria en la era de la IA? De acuerdo con Global Commerce Media, la pornografía con IA crece 27% anual y está en auge gracias al contenido personalizado. Esta tecnología permite crear videos con la cara de quien uno quiera, con su voz, y entrenarlos para que esa “persona” sea cariñosa, atenta y esté disponible 24/7. Así nace un nuevo término, “digisexual”: son quienes aman a sus aparatos como a los humanos. A ese punto hemos llegado.

Las mujeres aprovechamos la tecnología a la par de los hombres, pero no es el caso del porno. La razón es sencilla: en sus películas se va directo a la acción, y a nosotras nos encanta “la previa”, la seducción, la emoción. Un último dato: 68% de la pornografía se ve desde el celular. Dejo una sugerencia a quienes la consumen en exceso: suelte el aparato un rato, sálgase de la estadística y, más bien, déjese consentir.

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