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Analistas 02/06/2026

La capacidad de agencia en la era digital

Diego Hernández Losada
Rector de la UAO
Diego Hernández Losada

De acuerdo con el Foro Económico Mundial, 92 millones de puestos de trabajo actuales serán desplazados por la automatización y la inteligencia artificial (IA) entre 2025 y 2030.

Esto equivale a 8% del empleo mundial y, más que una amenaza futura, es una transformación digital en curso. Aun así, la discusión pública sigue atrapada en la pregunta equivocada (¿nos va a reemplazar la máquina?), en lugar de la que realmente importa: ¿estamos formando personas capaces de decidir cómo usar esas máquinas y con qué propósito?

Esa capacidad de decidir es agencia. No es sinónimo de inteligencia ni de acceso a recursos. Es la habilidad de identificar los obstáculos que condicionan la propia vida, actuar para superarlos y transformar las circunstancias adversas en oportunidades. En la era digital, esa habilidad adquiere una nueva dimensión, porque los obstáculos son ahora también algorítmicos, lingüísticos y culturales. El trabajador que no sabe conducir una entrevista en un entorno virtual, o que no puede colaborar con eficacia en equipos híbridos distribuidos en varios husos horarios, enfrenta una barrera tan real como la que antes imponía la geografía.

La educación es el principal factor de conversión de esa ecuación. Las plataformas digitales y la IA no democratizan el conocimiento por sí solas; requieren una pedagogía que las resignifique. Desde la Universidad Autónoma de Occidente hemos comprobado que los currículos multimodales y diferenciados, aquellos que usan la tecnología no como sustituto del profesor sino como amplificador de su intención pedagógica, generan capacidades que el mercado laboral ya no puede ignorar. Se trata de adoptar tecnología con criterio formativo, porque la misma tecnología que amplía fronteras puede reducir la agencia si se adopta de manera acrítica.

La digitalización de los servicios cotidianos, que abarca las finanzas personales, el mercado, el comercio y hasta la salud, puede profundizar la exclusión de quienes carecen de conectividad o de las competencias para navegar esos entornos. En el ámbito profesional, la transformación digital ya no admite postergación. El trabajo dejó de estar circunscrito a un lugar físico: hoy las organizaciones compiten por talento sin fronteras geográficas y esperan que sus equipos naveguen con fluidez a través de diferencias culturales y lingüísticas. Mantener conversaciones simultáneas en múltiples idiomas con traducción en tiempo real parecía ciencia ficción hace una década; hoy es una realidad operativa cotidiana. Las empresas que no formen a sus equipos en estas capacidades, además de eficiencia, están perdiendo relevancia.

El imperativo, entonces, no es solo tecnológico sino político: las universidades, el gobierno y el sector productivo deben acordar con urgencia qué capacidades digitales son innegociables en la formación básica y superior, y cómo cerrar la brecha entre quienes las tienen y quienes no. Nativos digitales y migrantes digitales conviven en un mundo que requiere adaptarse, con responsabilidad y sentido crítico, a una transformación digital sin precedentes. Colombia tiene inteligencia humana, creatividad y voluntad en abundancia para hacerlo. Esa es su principal ventaja competitiva: su capacidad de agencia colectiva en la era digital.

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