MI SELECCIÓN DE NOTICIAS
Noticias personalizadas, de acuerdo a sus temas de interés
Colombia trabaja mucho, pero produce poco. Esa es una realidad que rara vez aparece en el debate económico y, sin embargo, explica buena parte de los retos que tiene el país para crecer, generar mejores salarios y competir con las economías más desarrolladas.
Un gráfico reciente, elaborado con datos de la Ocde y Our World in Data, muestra que en Colombia se necesitan 86 horas de trabajo para obtener ingresos equivalentes a US$1.000, ajustados por poder adquisitivo. En Estados Unidos bastan 22 horas; en Alemania, 20; y en Luxemburgo, apenas 16. Aunque el indicador se basa en salarios promedio y no mide directamente la productividad, sí ilustra una brecha económica relevante. La diferencia no está en que los colombianos trabajen menos, sino en cuánto valor logra producir la economía por cada hora trabajada.
Esa realidad también aparece en otro indicador. El Ranking Mundial de Competitividad 2026 del IMD ubicó a Colombia en el puesto 59 entre 70 economías, cinco posiciones por debajo del año anterior. Mientras Singapur, Hong Kong y Suiza fortalecen su capacidad para innovar y atraer inversión, Colombia pierde terreno justo cuando la productividad se convierte en el principal factor de competitividad.
Y ahí es donde entra la inteligencia artificial. Las economías más productivas ya están incorporando IA en empresas, universidades y entidades públicas para automatizar procesos, mejorar decisiones y aumentar la eficiencia. Colombia, en cambio, avanza con más lentitud. El Anthropic Economic Index, que analiza el uso de Claude en distintos países, muestra que Estados Unidos registra una adopción 3,87 veces superior a la esperada por el tamaño de su población, mientras que Colombia alcanza cerca de 1,18 veces. Aunque el indicador no mide todo el ecosistema de inteligencia artificial, sí deja una señal clara: los países más productivos también son los que están aprendiendo primero a sacar provecho de estas herramientas. Y lo más preocupante es que la discusión en Colombia sigue concentrada en el impacto de la IA sobre el empleo, cuando el verdadero desafío es otro. Si el país no acelera su adopción tecnológica, el problema no será que la inteligencia artificial reemplace trabajadores, sino que las empresas colombianas produzcan menos, innoven menos y sean menos competitivas frente a compañías de otros países.
La buena noticia es que la IA dejó de ser una herramienta exclusiva de las grandes multinacionales. Hoy una pyme también puede automatizar procesos, mejorar la atención al cliente, optimizar ventas o analizar datos mediante plataformas en la nube y API. La barrera ya no es el acceso, sino la velocidad con la que decidimos adoptarla.
Colombia ya cuenta con una hoja de ruta en inteligencia artificial liderada por el gobierno nacional. Es un avance importante. Pero, mientras otros países convierten esas estrategias en productividad, innovación e inversión, aquí seguimos preguntándonos si vale la pena implementarla y cuál será su impacto.
Trabajar más ya no alcanza. En la economía que viene, la ventaja no estará en dedicar más horas, sino en generar más valor en cada una de ellas. Esa competencia ya empezó y Colombia no puede darse el lujo de llegar tarde.
Las fronteras no son el límite de la economía colombiana. Son una de sus mayores oportunidades. Allí existe un tejido empresarial que ya genera riqueza
En un mundo obsesionado con acelerar, quizás la verdadera ventaja competitiva sea saber cuándo hacer una pausa. Porque una pausa no es detener la vida sino darle sentido