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Analistas 29/11/2021

…y el capitalismo no existe

Diego Gómez
PhD, Profesor EIA, Director ECSIM

El hallazgo no es reciente, es de 1957, y quien logro determinarlo no le dio mucha importancia. Estaba interesado en cómo podía contribuir al crecimiento de las economías encontrando los determinantes. Fue Robert Solow, a quien le darían el premio nobel en 1988 por sus trabajos sobre crecimiento económico.

En 1956 formuló la estructura matemática del modelo y en 1957 realizó un ejercicio empírico que le permitiera establecer el comportamiento de los parámetros del modelo. Lo realizó sobre los datos de la economía norteamericana entre 1909 y 1949. Solow a través de un hallazgo crucial, determinó que solo el 12.5% del crecimiento es explicado por el incremento del capital, y el 87.5% restante del crecimiento económico lo explica el cambio tecnológico, el llamado “Residuo de Solow”..

Reconstruimos el ejercicio con los datos de las últimas décadas para Estados Unidos y varios países más: Francia, Japón, Corea, Irlanda, Suecia. La conclusión es la misma, lo que explica el crecimiento es el cambio tecnológico en valores que van desde el 70% al 95% para estos países. Por tanto, no es el capital el que explica la trasformación de las economías… el capitalismo no existe, lo que existe es un sistema abierto en el que las sociedades emprenden, aprende e innovan. Lo que existe es la sociedad del empresario schumpeterioano.

Jean Luis Blanc uso el término “Capitalista” en 1850 para describir de manera peyorativa a los propietarios de las empresas. El término había sido usado antes, entre otros por David Ricardo en 1817 y Proudhon en 1840, Carl Marx lo uso ya no solo de manera peyorativa sino además condenatoria, haciéndolo culpable de un terrible crimen, apropiarse de la plusvalía.

Se creó el mito del empresario explotador, útil para sembrar odios, pero limitante para entender el rol generador del desarrollo y construcción del tejido social que tiene el empresario.

Las sociedades abiertas se quedaron con el insulto de ser capitalistas y lo asimilaron con cierto estoicismo. Pero el esquema estatista de sociedad cerrada se quedó con la maldición del error y el sino trágico que ha destruido sociedades por décadas. Al querer acabar con el empresario “capitalista” lo que han hecho es privar a la sociedad de su capacidad adaptativa de aprender, de articular las innovaciones con las capacidades y de generar las redes de interacción a través de las cuales todos aportamos al bienestar común.

Irónica y elegantemente, la ecuación de Solow permite explicar por qué y cómo se han retrasado y hasta detenido en el tiempo los países comunistas. Cuba y Venezuela son un dramático viaje al estancamiento y la degradación.

En las sociedades innovadoras, los empresarios son los héroes naturales de estas comunidades. En las sociedades estancadas precariamente se tienen a los empresarios más ligados a los capitales heredados y concentrados en actividades convencionales. En ellas el mito del “Capitalista” cae en tierra fértil y se convierte en un instrumento ideológico que termina por inhabilitar la sociedad.

Eso acontece en Latinoamérica, sumida en patrones de especialización básicos. Las ideas cepalinas y de izquierda tiene como objetivo controlar al empresario “capitalista” y han imposibilitado las dinámicas de innovación en la región con tres caminos: altos impuestos que impiden que se creen nuevas empresas o crezcan y se reinventen las existentes, altos costos de operación con las pesadas cargas de subsidios y aranceles, altos costos de financiación por el riesgo país que generan con las tasas de inflación y decisiones de no pago de deudas. Hay mitos que estancan a sociedades enteras.