Analistas

¡Eso, cerremos las redes sociales!

Comenzó a hacer carrera en Colombia la satanización de las redes. El ‘súbito’ virus de las noticias falsas, como si las mentiras fueran algo reciente, nos ha puesto a todos a hablar de la necesidad de hacer algo al respecto. Y claro, ese algo, se oye ya por algunos pasillos, es el regularlas.

Pero eso es apenas típico y lógico en nuestro país, donde todo lo que representa progreso tiene que ser frenado. Nos acobarda lo que no conocemos. Le tenemos pánico a avanzar como sociedad. Para la muestra un botón: los impuestos a la tecnología que vienen con la reforma tributaria (bit.ly/GuerraProgreso).            

Las redes son una cloaca, un estanque de agua sucia, las culpables de la propagación de las mentiras que han permitido las victorias del No, de Trump y del Brexit, las que provocan descalabros políticos, económicos o sociales. Siempre es fácil matar al mensajero. Y la salida fácil es la que define nuestra mediocridad.

Es cierto que en el mundo digital hay personajes que, bajo el anonimato, se encargan de hacer matoneo, intimidar, mentir, amenazar y crear desasosiego. También es verdad que personajes de la vida pública, incluyendo políticos irresponsables, generan este mismo malestar. 

Pero esto no es la culpa de las redes. Con más de 2.500 millones de personas usándolas en el mundo, ejercer un control es tarea ardua. Mucho se le ha exigido a Twitter, la red más libre de todas, para hacer algo al respecto, pero no es culpa de Twitter que los usuarios desconozcamos las distintas funciones que ha ido implementando para combatir el matoneo (ej. bloqueo, silenciamiento, filtros y reportes).     

Las redes sociales son un mundo maravilloso, unos canales de comunicación democráticos como nunca hemos visto antes. El mal actuar por parte de elementos disociadores no debe anular, bajo ninguna circunstancia, la enorme capacidad que tienen para hacer el bien.   

En Jun, un pueblito español de 3.600 habitantes, el alcalde, a través de Twitter, generó un canal de comunicación transparente con su electorado no solo para recibir todo tipo de quejas y reclamos, sino para darles pronta solución. Quejas como el daño de una tubería o una lámpara, que se solucionaba, a más tardar, en dos días. Tan eficaz resultó el experimento que hasta  empezaron a agendarse por Twitter las citas médicas.    

Hace un año, la cervecera Anheuser-Busch generó una actividad en redes en la que por cada vez que se escribiera el numeral #ABGivesBack, donaban una comida a los más necesitados. La empresa de zapatos Toms, que por cada par que alguien compra dona otro, entregó casi 300.000 pares de zapatos a niños pobres gracias a la campaña #withoutshoes (#sinzapatos), en la que invitaban a los usuarios a publicar una foto en Instagram.  

Durante los ataques que se produjeron a principios de año en París, los residentes parisinos crearon el numeral #PorteOuverte (#PuertaAbierta) para recibir en sus casas a las personas que estaban buscando protección en medio de tanta incertidumbre. En Venezuela, las redes han permitido que líderes como Lilian Tintori y Henrique Capriles denuncien los desmanes de Nicolás Maduro. Y así, muchos ejemplos más. 

Si tanto bien se puede hacer en redes, ¿por qué enfocamos en lo malo? 

Nos hacen falta líderes más responsables con su poder en las redes. Líderes sensatos con sus obligaciones, que sean ejemplo a seguir. Debemos empezar a ignorar a los desadaptados, que no son tantos como parecen. Y aunque suene clisé, los buenos somos más. ¡Feliz Navidad y Año Nuevo!