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El reto de multiplicar Rappi

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Diego A. Santos - diegosantos1978@gmail.com

Una vez configurado el nuevo mapa político del país, gobernadores y alcaldes tienen ante sí la tarea de despojarse de sus mantos de campaña, centrarse en gobernar y responder con altura a los enormes retos que enfrentan nuestros distintos departamentos y ciudades, que no son pocos ni menores.

Uno de estos retos es, sin lugar a dudas, cómo los nuevos gobernantes van a ayudar a construir y fortalecer el ecosistema de ‘start-ups’ en el país. Si bien Medellín ha sido un buen ejemplo en esta materia, aún es mucho lo que se necesita en Colombia para que nos convirtamos en un epicentro de desarrollo e innovación que permita el desarrollo de centenares de empresas como Rappi.

Emprendedores y la empresa privada no pueden hacer la tarea solos. Se necesita, sobre todo, de la voluntad y la visión de gobernaciones y alcaldías. En campaña fueron escasos los candidatos que profundizaron en el tema tecnológico, si es que alguno realmente lo hizo. El electorado y los medios de comunicación tampoco repararon mucho en ello. Y en los debates el tema sencillamente no existió.

Quizás hablar de tecnología sigue siendo visto en nuestro país como algo excesivamente técnico, por lo que nuestros políticos se limitaron a señalar en campaña que realizarán, actualizarán, harán o solucionarán una u otras tareas a través de la tecnología. Les faltó profundizar el cómo.

Es cierto que Colombia padece problemas muy serios, muchos de ellos propios de países tercermundistas, pero a fecha de hoy, la tecnología es el gran aliado para combatirlos y resolverlos. Por eso la tecnología y su propagación no pueden ser ignorados. Esto ha de estar en el centro de cualquier plan de gobierno y con especificaciones muy puntuales.

Nuestro país tiene que establecer metas muy concretas para resolver los distintos problemas que tenemos, no solo en materia de movilidad, por ejemplo, sino también en el campo de la salud, de la banca, de la educación, de la seguridad y del turismo, entre muchos otros.

Como los gobiernos nacional, regional y locales no cuentan con la experticia para hacer esta tarea de manera autónoma, deben entonces proveer todas las facilidades a empresas y emprendedores que propongan soluciones a punta del buen uso de la tecnología.

Medellín y Bogotá no pueden ser los únicos ‘hubs’ de tecnología de Colombia. Barranquilla, Bucaramanga, Cartagena, Neiva, Cúcuta y Santa Marta, por mencionar algunas ciudades, deberían tener una política extremadamente generosa con los ‘start-ups’. Un Rappi no puede ser la excepción, sino la regla. Los anuncios rimbombantes de tener ciudades y/o regiones inteligentes han de tener objetivos claros y concretos.

Qué planes tienen nuestros nuevos gobernantes frente a la terapéutica digital, la que le permite al ciudadano tomar un control más eficiente de sus hábitos y abordar condiciones crónicas como la salud mental, por ejemplo. O cómo van a incentivar a las empresas que logren desarrollar productos 100% circulares, es decir, aquellos que no le generen impacto al medio ambiente. El panorama político colombiano ha cambiado, pero también los intereses, necesidades y prioridades de la ciudadanía. La tecnología es hoy el epicentro de desarrollo para solucionar cualquier problema, bien sea el más sencillo o el más complejo. Ojalá los flamantes líderes del 27/10 lo sepan comprender.

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