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En su segunda edición, el Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe 2026, organizado por la CAF (Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe) en Panamá, se posicionó como uno de los encuentros regionales más relevantes de los últimos años.
La amplia participación de líderes políticos, autoridades multilaterales, académicos y actores del sector privado confirmó la capacidad de la CAF para convocar y articular debates estratégicos en un contexto internacional marcado por la fragmentación geopolítica. Sin embargo, más allá de su magnitud y visibilidad, el Foro también evidenció una tensión persistente entre el potencial de estos espacios multilaterales y la limitada capacidad de los gobiernos latinoamericanos para capitalizarlos estratégicamente.
Desde una perspectiva institucional, la CAF ha logrado consolidarse como algo más que un banco de desarrollo. Su rol como facilitador de diálogo político, productor de agenda y articulador regional se evidenció en la amplitud temática de la conversación, que abarcó temas como la integración regional, el financiamiento del desarrollo, la transición energética, la innovación tecnológica y el multilateralismo, entre otros.
En tal sentido, el Foro ofrece una plataforma idónea para que los Estados proyecten intereses, coordinen posiciones y avancen en estrategias compartidas. No obstante, la existencia de la plataforma no garantiza, por sí sola, su aprovechamiento efectivo.
En esta edición el multilateralismo fue reivindicado como valor normativo y como instrumento necesario para enfrentar desafíos transnacionales. Sin embargo, el consenso discursivo contrastó con la ausencia de estrategias operativas claras para fortalecer la acción colectiva. Las referencias a la necesidad de reformar las instituciones multilaterales, aunque pertinentes, permanecieron en un nivel general, sin propuestas específicas ni liderazgos claramente identificables que asumieran el costo político de impulsar dichas transformaciones.
En este punto, resulta válido resaltar a la CAF más como un espacio e instrumento subutilizados que como un actor insuficiente para los propósitos del multilateralismo y de la integración regional. El Foro de Panamá ofreció condiciones favorables para avanzar en la internacionalización de políticas públicas, construcción de coaliciones temáticas y definición de prioridades regionales. Sin embargo, la mayoría de los gobiernos optaron por intervenciones genéricas, centradas en diagnósticos ampliamente compartidos, pero carentes de propuestas diferenciadas o de mecanismos de seguimiento.
Es claro que existe una alta densidad de espacios de diálogo, pero una baja densidad estratégica en su aprovechamiento. La proliferación de foros, cumbres y encuentros no se ha traducido en una mayor capacidad de incidencia internacional, precisamente porque los Estados no siempre los conciben como instrumentos de política exterior, sino como escenarios de visibilidad o validación discursiva.
En suma, el Foro CAF de Panamá 2026 puso de manifiesto tanto el potencial del multilateralismo regional como sus límites. De nuevo, la CAF demostró su capacidad para crear espacios relevantes y articular agendas ambiciosas. El desafío pendiente recae principalmente en los gobiernos. Pasar del discurso a la estrategia, del diagnóstico compartido a la acción coordinada, y del aprovechamiento ocasional de estos foros a su incorporación sistemática en políticas exteriores coherentes. Mientras ello no ocurra, el multilateralismo latinoamericano seguirá siendo normativamente atractivo, pero estratégicamente insuficiente.
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