Tribuna empresarial 19/10/2020

La pandemia que hay que combatir

La transparencia debe ser algo inherente a cada organización, y por lo mismo desde los sectores público y privado estamos en la obligación de asumir una posición determinante para hacerla parte de nuestro ADN.

Por un lado, resulta necesario definir políticas públicas coherentes, que se ejecuten de forma responsable, al tiempo que fomentar una cultura de principios, que promueva la ética empresarial y que impacte a todos -quienes de una u otra forma- se relacionan con nuestros empleados en las diferentes organizaciones; son importantes puntos de partida.

En Allianz creemos que las compañías deben trabajar contra la corrupción en todas sus formas. Por ello, es importante insistir en un no rotundo frente a conductas como el soborno y a las malas prácticas corporativas.

No se trata de ser simplemente los mejores, sino de cómo llegamos a serlo y es por esto que, de acuerdo con nuestra ambición de ser la mejor y más confiable aseguradora de Colombia, implementamos -en alianza con Transparencia por Colombia- el programa Integral de Ética y Anticorrupción Empresarial, que ha contribuido a sensibilizar a nuestros empleados, socios y aliados, en códigos de conducta y programas de ética corporativa.

Así mismo, es necesario que las organizaciones tengan políticas y reglas claras para “castigar” las malas prácticas: implementar medidas necesarias de prevención frente a los actos corruptos, promover y divulgar de manera activa dichos controles con terceros, prevenir y rechazar todo tipo de corrupción y hacer seguimiento a procesos de contratación para garantizar su idoneidad.

Todo esto se debe hacer de manera eficiente, consiguiendo que a la larga esta disciplina se adhiera al ADN de los empleados. En Allianz, nos preocupamos porque nuestros empleados entiendan y promuevan las prácticas anti fraude y anticorrupción, desde el sentido común y en el desarrollo de sus funciones.

Sin embargo, no sacamos nada con hablar de corrupción, si no entendemos primero las causas que llevan a las personas a cometer actos corruptos. Por más que existan leyes que castiguen la corrupción, si no formamos desde la academia personas integrales que cuenten con unas bases sólidas para discernir entre lo bueno y lo malo (algo que también debe venir de casa y que se logra con un entorno familiar fuerte) estaremos muy lejos de alcanzar nuestro propósito en la vida.

Propondría un pacto nacional, en el que empresarios, gobierno y diferentes sectores económicos, nos unamos para perseguir y sancionar con rigurosidad cualquier indicio de corrupción, formalizando la actividad laboral, brindando más oportunidades y herramientas que nos lleven a ser más competitivos como país, donde el mérito cuente, la experiencia aporte, y la especialidad nos defina.

Un pacto en el que nos comprometamos a ser mejores profesionales y seres humanos, y a trabajar por el país que queremos dejar a las futuras generaciones. Y no dejaría por fuera la intención de invertir en tecnología, hacer una reforma tributaria, agilizar el mercado laboral, trabajar en un modelo económico que no dependa de commodities, y por último, y no menos importante, unirnos como empresarios en un pacto contra la corrupción. Sin duda son ideas simples que, traídas a la vida, nos harían avanzar como país.