viernes, 31 de julio de 2020

Más columnas de este autor Cristóbal Soto

“La crisis es la mejor bendición que puede suceder porque trae progreso”, dijo Albert Einstein. Uno de los retos más grandes de las universidades ha sido el salto de lo presencial a lo virtual. De hecho, este sector ha sido uno de los más afectados al enfrentar una deserción de aproximadamente un millón de estudiantes este semestre.

Es evidente que esta nueva realidad implica que se deban ajustar algunas metodologías -como el componente práctico-social de los programas- y que algunas instituciones deben replantear los costos de sus matrículas. Durante este año se ha empezado a romper el paradigma de las clases online y hemos evidenciado cómo los estudiantes recibimos educación de alta calidad con modalidad remota. Precisamente, esta nueva percepción de la virtualidad es una gran oportunidad para el progreso del país.

Según Camilo Ayerbe, gerente de AC Ventures Colombia, cerca de 100.000 jóvenes llegan a estudiar a Bogotá cada año. Esta cifra refleja que las universidades más renombradas se han concentrado en las principales ciudades del país, obligando a los estudiantes de diferentes regiones a migrar a estos lugares para tener el privilegio de recibir una buena educación. En consecuencia, los jóvenes no solo están obligados a pagar las matrículas que suelen ser muy costosas, sino que deben asumir los gastos de vivienda, transporte y manutención.

Esta realidad crea un gran obstáculo para muchas familias que no se encuentran en las grandes urbes del país. De hecho, un artículo publicado por la Revista Dinero el año pasado explicó cómo el número de estudiantes de las universidades privadas del país ha disminuido porque, dentro de otras cosas, muchos de los jóvenes acceden a micro certificaciones como alternativa de educación superior al ser más económicas.

Al darnos cuenta de que las clases virtuales permiten una educación de alto nivel, da lugar a que las universidades públicas y privadas puedan expandir sus ofertas en las diferentes regiones, al mismo tiempo que continúan con los programas en sus respectivos campus. Las instituciones pueden aprovechar la inversión que han tenido que realizar en las plataformas en línea para que los jóvenes, en cualquier municipio del país, se puedan matricular en los diferentes programas y los realicen desde sus casas a través de estrategias que fomenten la interacción con otros alumnos y el profesor. A su vez, para el Gobierno, esta nueva realidad implica una oportunidad para incrementar la cobertura de educación superior de calidad a través del apoyo de la metodología remota y el aumento en la conectividad de internet en todo el territorio.

En conclusión, se suele decir que después de la tormenta viene la calma y a pesar de que no sabemos cuándo acabará la tempestad que enfrentamos, pienso que saldremos con buenas soluciones para mejorar como sociedad. Creo que, así como hoy estoy recibiendo en Medellín las clases de Bogotá, muchos más jóvenes podrán estudiar en las mejores universidades del país desde sus casas.