viernes, 3 de julio de 2020

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Hace un par de meses, ni en el peor escenario, hubiéramos imaginado estar en la casa sin la posibilidad de salir libremente “ni a la vuelta de la esquina”. No había forma de imaginar que un beso o un abrazo era un arma mortal y que nuestros planes del fin de semana, del puente o de las vacaciones se iban a interrumpir por un virus. Ahora bien, en 2020 le tocó a nuestra generación decidir cómo afrontar esta crisis, que a pesar del daño que ha generado, ha traído consigo un sinfín de lecciones y, como jóvenes, tenemos una gran responsabilidad.

Hace un par de años inicié escribiendo en este Diario sobre la actitud de muchos estudiantes universitarios que no valoraban el privilegio de la educación. Retomando esa idea, al principio de este semestre fueron recurrentes frases como “capemos clase”, “para qué vamos a ir si es un relleno” o simplemente muchos hacían una presencia vacía sentados en el aula, pero con la atención en el celular.

Y como por arte de magia, el sueño de muchos se cumplió: ya no teníamos que ir a la universidad, las sesiones se grababan y podíamos ver las partes más importantes en vez de estar “calentando silla” por tres horas y, lo mejor, podíamos cumplir con la asistencia en línea mientras hacíamos cualquier otra actividad en nuestra casa: desde hacer ejercicio, hasta dormir un par de horas más.

Desafortunadamente la situación no fue tan mágica. Disney nos advirtió en la película Aladdín que los deseos que le pedimos al genio tienen consecuencias negativas. Tanto es así que, paradójicamente, un par de meses después de escuchar “que pereza ir a la Universidad”, hoy escuchamos que es una pérdida de plata pagar un semestre en donde no se tendrán todos los beneficios de las clases presenciales. Lo que quiero decir es que solemos encontrar “peros” en cualquier método educativo que nos ofrezcan.

Aun así, quiero aprovechar esta oportunidad para invitar a todos mis compañeros universitarios a que afrontemos esta nueva realidad como una oportunidad en vez de una limitante, e iniciemos el semestre virtual.

Reconozco que cada carrera tiene un grado de complejidad diferente para ser enseñada por internet y soy consciente de que en muchos casos la razón para no continuar con los estudios es por motivos económicos, lo que encuentro totalmente válido; pero a pesar de los inconvenientes que surgen con esta nueva modalidad, podemos decidir afrontarlos con la frente en alto y la mejor actitud: podemos realizar un esfuerzo adicional para prestar atención al computador, sacar un poco más de tiempo para hacer los trabajos y encontrar formas creativas de reemplazar la biblioteca, los laboratorios o las aulas.

Estoy convencido de que si lo logramos podremos llegar a mejorar incluso nuestro proceso de aprendizaje. A fin de cuentas, los grandes líderes se han forjado en las crisis y hoy tenemos la oportunidad de educarnos en una coyuntura que nos va a formar para afrontar los retos que nos depara el futuro.