En una reconfiguración total de las razones que motivaron la movilización indígena en años anteriores, la Minga Suroccidente 2020 que marcha hacia Bogotá al parecer se ve impulsada más por fines políticos electorales que por la reivindicación de los pueblos; causa común que hasta 2019 solía ser su principal bandera para reclamar recursos y tierras.

Todo apunta a que la histórica asignación de $10 billones aprobados por el Congreso en el Plan Nacional de Desarrollo de Duque para las comunidades indígenas, obligó a que este año los jefes de la Minga tuvieran que cambiar el libreto de los recursos insuficientes para poder montar un nuevo pretexto que les permitiera sacar las “chivas” y concretar bloqueos en la vía Panamericana hasta que el Presidente de la República escuche sus peticiones personalmente.

De allí que varios líderes de la movilización afirmen que la de este año no es una protesta, sino una Minga Política. Esta remasterización presentada por las autoridades indígenas, en coautoría con algunos congresistas, plantea una forma de agenda programática que, si bien no podemos asegurar sea electoral, tiene muchos rasgos que tal vez podrían describirla como una plataforma de precampaña 2022.

Una de esos atributos es que los líderes del Cric mantienen una limitada disposición a la interlocución con los ministros, de esta manera desconocen la estructura dispuesta por el Estado para tramitar sus peticiones, lo cual, además de alargar la protesta, minimiza la gestión presupuestal que el presidente Duque ha logrado. A la fecha el Gobierno ya ha cumplido con 80% de los compromisos adquiridos con este Consejo Indígena, reportando una inversión de $640.000 millones y consolidando el seguimiento a los 1.541 acuerdos establecidos.

La Minga mantiene latente su amenaza de incurrir en vías de hecho y un radical rechazo a toda acción que conduzca a cuestionar su organización o financiamiento. Prueba de ello es que cualquiera que se atreva a profundizar sobre estos temas es inmediatamente señalado como enemigo de las comunidades por los mismos líderes y sus aliados políticos.

A riesgo de ser satanizado, considero que este es el espacio oportuno para compartir algunas preguntas que hoy muchos colombianos se hacen sobre la Minga. Por ejemplo, es preciso saber ¿por qué el Cric insiste en ir a Cali para solucionar problemas del Cauca? ¿Por qué pararon en la capital del Valle a “dialogar” si desde un principio el presidente Duque había dicho que estaba dispuesto a atender personalmente una comisión en Bogotá?

Son muchas las dudas que los organismos de control podrían ayudar a resolver; ¿De dónde se financian el transporte y la alimentación de las cerca de 8.000 personas que marchan?

Por más que se diga que los recursos se recogen a través de una minga, bien harían las autoridades indígenas en detallar cada una de las fuentes que se solidarizan con su bien organizada causa anual y el costo total. Tal vez, Carlos Felipe Córdoba, Contralor General de la Nación, podría informar en qué se gastan los dineros que el Gobierno entrega anualmente para los Cabildos y Resguardos en Colombia.

Por último, ¿por qué la Minga puede violar medidas sanitarias con “chivas” a reventar, aglomeraciones y hasta rumba con baile sin distanciamiento ni tapabocas?

Ojalá tengamos respuestas porque Colombia es una sola. Bienvenido el diálogo sin imposiciones ni vías de hecho.