Roma. La falta de remedio y el crecimiento de nuevos contagios en diversos lugares del mundo aumenta las tensiones sociales y la discusión entre quienes niegan la gravedad del coronavirus y los que piden medidas extremas e incluso volver a cerrar las ciudades y países para combatirlo.

En medio de esta segunda oleada de contagios, vísperas de fin de año, la argumentación económica intenta abrirse espacio con planes de reactivación del mercado, como salida a la crisis que ya afecta a todos, aumentando el desempleo y la brecha entre ricos y pobres. Ojalá sea posible y se demuestre la capacidad de actuar conjuntamente.

La incertidumbre es evidente, los planes variables y las certezas pocas. El presente y futuro dependen en buena parte del hallazgo de la vacuna y su justo acceso en la búsqueda de la inmunidad colectiva. La premisa que indica el riesgo latente de morir de covid-19 o morir de hambre, no debería definir la realidad ni determinar las acciones frente al problema.

Otras medidas, indicaciones y costumbres podrían romper esta premisa. Lo primero, corresponde a la capacidad y eficacia del sistema de salud, la protección de la población más vulnerable, la transparencia en los gastos y su inversión prioritaria en investigaciones científicas y tecnológicas que protejan al ser humano de virus y pandemias.

En julio del año pasado se cumplieron 50 años de la llegada del hombre a la luna, un hito en la conquista del espacio. En plena celebración de este hecho aparecieron los primeros casos de covid-19 y en pocas semanas el mundo estaba infectado. Hoy, más de un millón de personas han muerto.

Las millonarias inversiones en desarrollos tecnológicos, por ejemplo, en la industria militar de naves y aeronaves, armas, así como en la carrera por conquistar el espacio y llegar más pronto a Marte, se podrían repensar bajo los efectos de esta pandemia y destinar más presupuesto e inversión para enfrentar, desde la investigación y la ciencia, esta clase de virus no identificados.

El contagio masivo de coronavirus debería marcar cambios en el sistema económico y en el mundo laboral. Las cifras de miseria y pobreza revelan un retroceso en la llamada posmodernidad del super hombre que cree dominar la vida y la muerte. Las desigualdades deben ser atendidas con eficacia y honradez, evitando discursos demagogos cargados de ideologías y odio de clases. Esta realidad, cruzada por la enfermedad y la muerte, nos debe llevar a la valoración de las personas y al bien común, pues sólo un plan económico que module la codicia y la avaricia representa una esperanza de buen futuro.

Al llegar a la luna, el 16 de julio de 1969, Neil Amstrong decía, con razón, que “este es un pequeño paso para el hombre, pero un gran paso para la humanidad”. Esta misma frase se podría expresar cuando la ciencia logre controlar el virus y detener su avance, pues la conquista espacial y tecnológica se podría orientar a proteger la especie humana, sus condiciones de vida y bienestar, en especial la de niños, ancianos y personas con alguna discapacidad.

Urge, por ejemplo, garantizar agua potable para todos, alimentos y atención médica y hospitalaria para los enfermos, pues el afán por llegar a nuevos planetas y oír voces en el espacio, son maravillas del universo que podrían esperar.