Pandemia y la crisis de la clase media

Sin el ánimo de ser fatalista, pero atendiendo lo que nos señala la evidencia, bien podríamos decir que las peores consecuencias de la pandemia aún no han llegado. Por lo menos a lo que en materia económica se refiere y lo digo concretamente por los insumos para el documento Conpes del DNP que señalan la reducción en el último año de las clases media y vulnerable y el aumento de la población pobre.

En 2019 la clase media representaba 30,79% de la población, mientras que en 2020 pasó a ser 26,42%. Por su parte, la clase vulnerable pasó de 39,79% en 2019 a 34,78% este año. Así mismo, la población pobre pasó de 27% a 36,4%. Mientras la clase alta se mantuvo igual en 2,4%.

De igual forma, las proyecciones del Banco Mundial estiman que en Colombia se pasará de una pobreza extrema de 7,2% de la población a 9,5% (1,1 millón de personas). Se estima que habrá un aumento de la clase pobre de 9,4 puntos porcentuales (p.p.). La población vulnerable y la clase media se reducirán en 5 p.p. y 4,3 p.p. respectivamente.

Esto se explica por el devastador impacto de la pandemia y las medidas de confinamiento que llevaron al cierre de miles de empresas y dispararon las ya elevadas cifras de desempleo. De acuerdo con el último reporte del Dane, en el trimestre móvil de junio a agosto, la tasa de desempleo aumentó (83,5%) a nivel nacional y (112,96%) en las trece ciudades y áreas metropolitanas más importantes frente al mismo periodo en el año pasado. Así mismo, la tasa de ocupación disminuyó 17,31% y 20,41% respectivamente.

Pero más allá de un asunto de cifras y proyecciones de lo que estamos hablando es nada más y menos que de la calidad de vida de los colombianos, de su capacidad de acceder a los servicios básicos de salud, educación y alimentación y de su poder adquisitivo para aportar a la tan necesaria reactivación económica. La reducción de la clase media implica que habrá mayores dificultades para la movilidad social en las generaciones futuras.

El empobrecimiento de las capas sociales hace que tengan mayores dificultades de acceso a educación técnica y profesional. Por lo tanto, siendo que la demanda por trabajo no calificado se mantiene constante o varía poco, habrá una mayor presión hacia abajo para el salario por labores no calificadas. Esto aumentará el desempleo y reducirá la expectativa de ingresos para las personas con trabajos que no requieren calificación.

La pérdida en capital humano potencial debido a las dificultades de acceso a oportunidades de formación académica y laboral hace que los factores de productividad nacional sean menos eficientes y se reduzca la expectativa de crecimiento del PIB. El capital humano es un factor de producción determinante en el desempeño de una economía.

El Gobierno no puede tomarse a la ligera las profundas consecuencias que está teniendo la pandemia para la clase media, que había tenido un crecimiento importante en las últimas décadas. En períodos de crisis es evidente la necesidad de que el Estado tome un rol activo aumentando el gasto público y presionando la deuda.

Por eso, en la Cámara de Representantes se aprobó un proyecto de ley para el aumentar los cupos de endeudamiento y de garantía del Gobierno Nacional, así como la definición de un marco regulatorio para la emisión de bonos. No se trata de una solución definitiva o suficiente, pero son herramientas para tomar las medidas contracíclicas necesarias para la reactivación económica.