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Analistas 22/01/2022

Candidatos anti empresa

Catalina Ortiz
Representante a la Cámara

Nada más torpe y dañino que el populismo anti empresa. Infortunadamente se viene manifestando de una manera muy pronunciada. Angustioso ver cómo en la medida que avanza la campaña electoral se ha vuelto más recurrente el discurso en contra de las empresas y el sector productivo por parte de algunos candidatos y sus aliados.

Para la muestra, el cuentico de Gustavo Petro que promete que en su gobierno todas las ganancias que obtengan los empresarios de la supuesta reducción de costos de producción que espera lograr con protección de importaciones, bajas en los costos de energía y financieros, entre otros, deben distribuirse entre el empresario y los trabajadores. Esto es populismo puro y duro y desconoce las dinámicas comerciales propias de los negocios, y la economía de mercado, entre otros. Bien lo dijo Sergio Fajardo en su momento, ilusionar a los ciudadanos con este tipo de mentiras es irresponsable.

Y ahí no paran los anuncios populistas de Petro, que pasan por la restricción a la repartición de dividendos a los propietarios de los bancos y la amenaza de acabar con la participación privada tanto en el transporte masivo como en el sistema pensional del país. Vale decir que si bien ambos sistemas tienen desafíos monumentales, pretender darles solución a punta de retórica ante privados es muestra de que, más que solucionar, lo que se quiere es agitar.

El populismo anti empresa no respeta origen. No en vano, varias de las normas más populistas en las últimas legislaturas las han propuesto los partidos de derecha. Un ejemplo es la ley que reduce la jornada laboral manteniendo el mismo salario, la cual fue sancionada en julio de 2021 y cuyo autor es Álvaro Uribe Vélez. Sin mencionar los anuncios populistas de varios candidatos alrededor del salario mínimo.

Ahora, no se trata de un fenómeno exclusivo de la dinámica nacional. Vientos de este tipo de populismo soplan desde otros países y tristemente también las administraciones locales se han convertido en tribuna para satanizar a las empresas. Nada peor que Daniel Quintero desde la Alcaldía de Medellín comparando al Grupo Empresarial Antioqueño con un cartel mafioso y minando años de colaboración público privada que ha beneficiado a los ciudadanos y que tiene muestras como Ruta N, Créame, Parque del Emprendimiento, entre muchos otros.

Pero si bien Quintero se lleva el premio a la mezquindad y egoísmo de pelear con las empresas, en Cartagena, su alcalde, William Dau, tiene salidas parecidas en especial peleando con la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (Andi) y poniéndolos como villano de su narrativa. Cali tampoco se salva con Jorge Iván Ospina quien durante el paro nacional calificó al empresariado de la ciudad como “bastante de derecha”, cuando en una entrevista radial le preguntaron si sus relaciones con los empresarios de Cali estaban “rotas”.

El populismo anti empresa busca generar un sentimiento de rencor hacia los empresarios solo porque trae votos. Las empresas no son ni santas ni satánicas. Son el motor y el aliado necesario para crecer sosteniblemente. Es hora de denunciar y evidenciar con vehemencia el populismo de quienes las vuelven el enemigo para ganar el favor del electorado.

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