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Debo confesar que amo la inteligencia artificial. Me declaro culpable. Aunque no he de sentirme del todo mal, porque ha sido una gran herramienta para amplificar la creatividad y la productividad, y para resolver algunos problemas. El tema aquí es que nos ha traído otros que no veíamos venir, en el terreno de las habilidades relacionales.
¿Quién no ha sentido que la IA es en extremo complaciente? En una entrevista, Sam Altman, cofundador de OpenAI, la empresa creadora de ChatGPT, reconoció que estos modelos de lenguaje estaban diseñados para ser demasiado aduladores y que no daban la respuesta que necesitabas, sino la estadísticamente más probable para mantener la conversación activa. Es tan fácil hablar con ellos que generan una falsa sensación de conexión, pero las investigaciones demuestran que el uso emocional sostenido aumenta el aislamiento percibido y desincentiva la búsqueda de vínculos humanos.
Hace unos meses documentaron en las noticias el caso de una mujer en Japón que se casó con su asistente virtual, con vestido de novia y anillo puesto sobre el celular para sellar el compromiso. No lo podía creer y todavía me pregunto si todo esto tendrá una repercusión en las generaciones que apenas se están formando.
En un estudio publicado en la revista Science en marzo de este año, los investigadores encontraron que los modelos fueron 50% más aduladores que los humanos, incluso cuando las personas participaban en comportamientos poco éticos, ilegales o perjudiciales.
También arrojó que bastó una sola interacción con la IA para reducir la disposición de los participantes a asumir responsabilidades y resolver conflictos interpersonales, al tiempo que aumentó su propia convicción de que tenían la razón. Lo preocupante de esto es que puede aumentar la sensación de soledad, declarada por la Organización Mundial de la Salud como “epidemia global” desde 2023. Se han publicado muchos artículos e investigaciones sobre sus riesgos: un efecto equivalente a fumarse 15 cigarrillos diarios, inflamación crónica y 39% más de probabilidad de muerte prematura, entre otros.
La IA nos fascina porque elimina la fricción cognitiva, pero esta misma ausencia de conflicto atrofia la musculatura social.
¿Que es muy difícil la convivencia con otros humanos en el trabajo o en la vida personal? ¿Y cuándo en la historia de la humanidad no ha habido fricción entre personas que son, por naturaleza, distintas? Los humanos somos seres gregarios, estamos diseñados para vivir en comunidad, y si no lo hacemos nos enfermamos.
¿Qué hacer entonces? Primero, elegir qué conversaciones vale la pena tener con humanos sin intermediación de la IA. Segundo, pedirle a la máquina que nos contradiga y muestre la perspectiva del otro.
Tercero, invertir en la práctica y entrenamiento de habilidades sociales que, como un músculo, se atrofian si no se usan. Y cuarto, hacer las paces con la fricción.
La Fiscalía, la Procuraduría y la Contraloría son enormes instituciones burocráticas que tienen funciones muy importantes en la estructura del Estado que creó la Constitución de 1991
Por el momento, los frentes con mayores expectativas han tenido que ver, primero, con el alza en las tasas de los Tesoros de largo plazo (las más elevadas en dos décadas) y, segundo, con la medición de la inflación
Responderlas obliga a elegir, y apostar también es renunciar. Priorizar exige decir abiertamente qué dejaremos de hacer o qué aplazaremos