Este anglicismo tan de moda se presenta como la nueva fórmula para la industrialización de Colombia. Según el Reshoring Institute, “este término se usa simplemente para explicar el proceso del regreso de la producción manufacturera doméstica, desde un país extranjero al país de origen donde se venden los productos”.

En la década de los 90 estuvo de moda el “Offshoring”, que fue un proceso mediante el cual empresas, principalmente de los Estados Unidos, establecieron plantas manufactureras en otros países para favorecerse de menores salarios y de ventajas fiscales. Lo que se plantea como alternativa empezando la segunda década de este siglo es la operación inversa.

Estos procesos de offshoring dieron origen a la formación de cadenas de valor global y el consecuente impulso del comercio internacional. Menores costos de transporte, menores costos de comunicación resultado de la tecnología y una revolución en el transporte aéreo hicieron que tuviera sentido económico montar parte del proceso productivo de una fábrica americana con sede en Texas, en Shanghái. A esto se sumó en las últimas dos décadas del siglo pasado un fuerte proceso de liberalización económica y un fortalecimiento de la OMC.

La situación en los últimos años y más aún con la pandemia ha cambiado. Los vientos del libre comercio y globalización han pasado a unos más proteccionistas y nacionalistas. La OMC se han debilitado, los salarios de los países destino de estas plantas ya no son tan competitivos, se ha dado una revolución tecnológica que reduce el costo de mano de obra y el tiempo de fabricación y los países han otorgado subsidios y respiros fiscales a las compañías que opten por el reshoring.

Estos cambios sugieren que haga más sentido económico tener los procesos de producción mas cerca de los centros de consumo y solo para mencionar un caso típico de fabricación Offshore, que fue la industria textil, allí se produjeron procesos de robotización y con el “fast fashion” cambió la velocidad del mercado, lo que aconseja cercanía con los centros de consumo.

Pero esto sucedió también en bienes de consumo duradero como fue el caso de GE, que trasladó sus fábricas de México y China a Kentucky. Según un documento de la compañía, los elementos cruciales para este proceso fueron los desarrollos tecnológicos, los acuerdos salariales con las centrales obreras, y los apoyos fiscales y subsidios.

Por iniciativa de funcionarios de la administración Trump, y en medio de la confrontación con China se ha pensado que ese Reshoring puede incluir el traslado a centros de producción a América Latina. Como hemos visto, la localización y distancia son factores fundamentales en esta nueva realidad pero no son los únicos. Se espera, y así los han expresado funcionarios de visita en el país, que Colombia pueda ser uno de estos destinos de las nuevas fabricas. ¿Será posible?

¡Difícilmente! Si bien el régimen de zonas francas tiene la misma tasa impositiva de los Estados Unidos y es el gran atractivo, no habrá subsidios a empresas que lleguen al país. De otro lado, la falta de flexibilidad laboral, el atraso tecnológico y los costos logísticos y de transacción en Colombia hacen poco probable que se den las condiciones de favorabilidad que se requiere. México, por el contrario, puede ser el gran favorecido de esta nueva realidad pues cuenta con la infraestructura logística y las plataformas industriales que permiten encadenamientos productivos y eficientes.