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Analistas 27/08/2019

Proteccionismo

Carlos Ronderos
Consultor en Comercio y Negocios Internacionales

El país está sufriendo el doble fenómeno, aparentemente contradictorio, de déficit en la balanza comercial y fuerte devaluación luego es oportuno preguntarse la razón de que estos dos fenómenos se den simultáneamente. Lo que indicaría la lógica es que con un peso devaluado se encarecen las importaciones a la vez que las exportaciones ganan competitividad y como resultado deberíamos tener una balanza favorable, sin embargo, ello no es así. Según el Dane “en el periodo enero-junio 2019, se registró un déficit en la balanza comercial colombiana de US$4.421,8 millones FOB, en el mismo periodo 2018 se presentó un déficit de US$2.781,5 millones FOB.”.

Las razones que explicarían este fenómeno tienen que ver con la composición de nuestras exportaciones y nuestra estructura arancelaria. En efecto el grueso de las exportaciones colombianas son commodities, es decir productos cuyos precios se determinan en el mercado mundial por la oferta y la demanda y por ello el valor de la tasa de cambio tiene poca incidencia en poder incrementar las exportaciones. Así la cantidad de petróleo que exportamos no depende de la tasa de cambio sino de la producción y el precio que se fija en el mercado internacional. Esto también es cierto para la mayoría de nuestras exportaciones.

Decía atrás que además de la estructura de nuestras exportaciones la razón para nuestro pobre desempeño en las exportaciones tiene que ver con los aranceles, más concretamente con la estructura arancelaria. A esa conclusión llega el trabajo de J.J Echavarría y otros publicado por el Banco de la República bajo el título de “Cadenas Globales de Valor, Crecimiento y Protección Arancelaria en Colombia” (Julio de 2019).

Este trabajo busca responder porqué Colombia es el socio de la Alianza del Pacífico con la más baja participación del comercio exterior como porcentaje del PIB. Mientras esta cifra está para Chile en 68%, Colombia escasamente llega 35% y ello nos presenta como un país poco vinculado a la economía global. Un país cerrado. Es decir que contrario a la creencia generalizada de que nos hemos abierto en exceso, Colombia según este trabajo, es un país muy cerrado, o al menos más cerrado que sus socios comerciales.

La tasa nominal de nuestro arancel ha bajado de manera considerable y hoy por hoy el arancel que pagan las importaciones está cercano a 8%, proceso que se ha profundizado con la entrada en vigencia de los Tratados de Libre Comercio. Pero si bien esta tasa arancelaria ha bajado, el estudio argumenta que en razón a la dispersión arancelaria que busca proteger bienes finales, la protección efectiva está en cifras cercanas a 100% y ello sin contar con las medidas no arancelarias que tienen un enorme peso. Mientras que en el mundo se ha optado por un arancel plano con pocas excepciones (arancel único para todas las importaciones) en Colombia tenemos aranceles que van de 0% a más de 40%. La tesis central del trabajo de Echavarría es que ello le ha impedido articularse a las Cadenas Globales de Valor, que es la forma en la cual los países emergentes se han vinculado a los flujos de comercio internacional dinamizando su crecimiento económico.

Estamos en un círculo viciosos; no diversificamos nuestras exportaciones porque nuestra estructura arancelaria esconde un alto proteccionismo que impide integrarse a las cadenas globales de valor, y como no logramos integrarnos quedamos con un portafolio exportador vulnerable que depende de la volatilidad de los precios internacionales.