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Analistas 05/05/2026

Lo bueno, lo malo y lo feo

Carlos Ronderos
Consultor en Comercio y Negocios Internacionales

A cuatro meses de terminarse el gobierno Petro, es oportuno hacer un balance de los principales aciertos y desaciertos durante estos cuatro años cortos. No todo en este gobierno fue malo, como pretende la oposición, ni todo fue bueno, como lo hace ver el presidente en sus alocuciones, y hay una gran cantidad de actos y posturas presidenciales que son feos.

Empecemos por lo bueno. El país, durante los últimos cincuenta años, ha crecido de manera sostenible, sin grandes sobresaltos, en prácticamente todos los frentes, excepto en la equidad. La equidad de ingresos, la equidad de riqueza y la equidad regional, y creo que el gobierno Petro ha hecho un gran esfuerzo por visibilizar este fenómeno.

El modelo económico tradicional en Colombia ha sido el de “trickle down economics”, que argumenta que la riqueza finalmente baja a todos los miembros de la sociedad y, por lo tanto, el papel del Estado no debe ser otro que el de cobrar impuestos y atender uno que otro servicio, como la educación y parcialmente la salud. El sistema pensional dejó por fuera a la gran mayoría del país y el Estado no se ocupó de los sectores más vulnerables ni ayudó a un mejor bienestar de los trabajadores. El gobierno Petro, con los subsidios a diferentes grupos y los aumentos considerables al salario mínimo, logró mejorar el bienestar para un segmento de la población, lo que hoy se refleja en las encuestas presidenciales. Si bien habló mucho de inequidad territorial, no hizo nada ni por La Guajira ni por el Chocó, los dos departamentos más pobres.

Lo malo de esta política es que la desarrolló fomentando el odio de clases y la polarización de la sociedad, porque el presidente no es un estadista, sino un agitador. Una sociedad con mayor igualdad es una sociedad de mejor convivencia entre los ciudadanos, y Petro quiso hacer de este esfuerzo por la igualdad uno de confrontación.

Malo también el manejo de la salud y la seguridad. Es cierto que el modelo de salud era frágil y que hubo casos vergonzosos de corrupción, pero el gobierno, en vez de solucionarlo, intervino el sistema de tal manera que no solo el modelo colapsó, sino que profundizó la corrupción y dejó a la población más vulnerable expuesta. Esa población por la cual prometió luchar.

Mala la paz total, un esfuerzo desordenado e ingenuo para que todo delincuente se sometiera a la justicia, dándole patente de corso a quienes estaban sentados en la mesa, que expandieron su actividad criminal a niveles que hace muchos años no veía el país. El Eln, las disidencias de las Farc, el Clan del Golfo, las bandas criminales de Antioquia y Buenaventura salieron todas fortalecidas de este esperpento de intento de paz, que tiene en jaque al Estado en varias regiones del país.

Malo el nivel de corrupción que se ha hecho evidente en varios casos, como el de la Ungrd, los diferentes cupos indicativos, Ecopetrol y otros. Y no es que en los gobiernos anteriores no haya habido iguales niveles de corrupción, sino que la promesa de campaña y la razón por la cual mucha gente votó por la izquierda era que gobernaría con gente sana, comprometida con el país.

Lo feo ha sido su estilo de gobierno, grosero, desde X, falto de respeto con la gente. Feo el descaro con que desconoce los problemas que se suceden bajo su mando. Baste mencionar que hizo una intervención en televisión argumentando que nunca había estado tan bien la seguridad, en la misma fecha en que las disidencias asesinaron a 40 civiles.

Más lo malo y lo feo que lo bueno.

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