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Gran grieta

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Carlos Ronderos - cronderost@gmail.com

De visita en Argentina me describía un amigo la realidad de esta nación como atravesada por una gran grieta que separa al país en bloques irreconciliables. Se alindera de un lado el peronismo con todos sus matices, que van desde la extrema izquierda, pasando por el populismo rampante de los Kirchner (hoy en el tiquete presidencial con la fórmula vicepresidencial de Cristina) hasta posiciones mas moderadas como la de Alberto Fernández (hoy candidato a la Presidencia). En la otra orilla las fuerzas de derecha que representa Mauricio Macri. Tanto un bando como el otro han sido poco exitosos en darle a esta pujante nación un rumbo económico y social claro.

Después de 12 años de kirchnerismo, Argentina estaba abocada al fracaso económico con inflación rampante y con un crecimiento nulo en el último cuatrienio de este fallido experimento. Para desgracia de Argentina, los siguientes cuatro años a cargo de Macri el crecimiento estuvo igualmente estancado y esta cerrando el mandato con una inflación superior a 30% y una gran devaluación del peso argentino. Así que en resumidas cuentas para las elecciones presidenciales de octubre el país se enfrenta a tener que escoger entre dos alternativas fracasadas. Fernández-Kirchner o Macri.

Si fuese cierto en Argentina lo que proclamó Bill Clinton en una campaña presidencial de Estados Unidos cuando sentenció: “es la economía estúpido”, queriendo señalar que ese es el factor que determina la decisión de los votantes, no habría por quién votar en el país austral. Lo que sucede es que, a diferencia de la proclama de Clinton, lo que determina la decisión del voto, no solo en Argentina, sino en la gran mayoría de los países, son los odios y las pasiones políticas que han ayudado a la construcción de una grieta divisoria de la sociedad. Cuando la pasión está por encima del interés económico de los ciudadanos se entra en terrenos peligrosos que pueden llevar a cualquier nación al fracaso.

Así lo que enfrenta Argentina no es diferente a lo que parece ser la realidad en otras latitudes. Brexit o no brexit es el dilema que pende sobre los británicos y en ese debate tampoco parece existir la racionalidad económica. El primer ministro Johnson quiere llevar al país a una ruptura radical, a pesar de que los estudios hechos por el propio gobierno muestran que esa decisión tendría resultados desastrosos. Y si por los lados de los británicos llueve por los lados de Estados Unidos no escampa. Una gran grieta divide ese país sin tener en consideración el impacto económico, advertido por la academia, respecto a las decisiones que ha tomado el presidente Trump en materia de comercio exterior y proteccionismo.

Esa enorme grieta está presente también Colombia. Bandos irreconciliables rehúsan entendimiento alguno y cada vez se ahondan más las diferencias. Por ahora, mas allá de las pretensiones de algunos miembros de la oposición por tumbar la última reforma fiscal, los bandos tienen aparente identidad respecto al manejo económico, lo que le permite al país amortiguar el efecto de la polarización. La gran pregunta es si estamos dispuestos a cruzar esa línea. Que caiga Sanson con todos los filisteos, que el templo se venga abajo con tal de derrotar a enemigo, como parece ser la estrategia Petro en Bogotá. Los extremos que presenciamos en Argentina, Gran Bretaña y los EE.UU. se dan de cara a una elecciones generales. En Colombia de cara a unas elecciones regionales la polarización se esta tornando violenta y uno se pregunta si esta será la antesala de la próxima contienda presidencial.

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