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En esta locura de precampaña presidencial los protagonistas han sido sin lugar a dudas la izquierda y las firmas. La izquierda que se sometió a un proceso electoral y saco más de tres millones de votos con el claro triunfo de Iván Cepeda, demostrando una fuerza política que representa al petrismo y que hoy ejerce el poder. Más allá de cualquier consideración no se puede menospreciar ni el proceso ni el resultado. El otro protagonista son las firmas, ya que la crisis de los partidos ha hecho que todo ciudadano crea que interpreta el sentir del pueblo y se lance a recoger firmas para demostrar que así es.
Según los medios hay para las elecciones presidenciales de 2026, 91 comités de ciudadanos (¿Grupos Significativos?) inscritos en la Registraduría esperando entregar firmas para legalizar sus candidaturas independientes. Sobra decir que ante este mismo ente electoral hay 34 personerías jurídicas, es decir partidos, que pueden presentar su candidato. En total mas de 130 personas se sienten presidenciables lo cual habla muy buen del ego de los colombianos, pero mal de su organización política. Según la norma cada grupo debe presentarse con el respaldo de 635.000 firmas, pero a la fecha solo seis candidatos reclaman que han recogido algo más 10 millones de firmas (Abelardo, Olimpo, Vicky, Cárdenas, Lizcano, Oviedo). Si solo fuesen posible recoger el número mínimo por la mitad de los comités estamos hablando de más de 28 millones de firmas cuando en las elecciones para la primera vuelta presidencial en 2022 votaron tan solo 22 millones de ciudadanos.
Es claro entonces que una firma no le niega a nadie, y que a todo ciudadano a quien se le ofrece una lista la firma, o bien la Registraduría no tiene el personal o capacidad de revisar en un corto tiempo 10, 15 o mas millones de firmas. Lo cierto es que casi ninguno de los candidatos inscritos por firmas obtendría los votos equivales a sus firmas, entonces cabe la pregunta acerca del motivo que lleva a estas personas a gastar millones de pesos que nadie sabe de dónde salen para presentar una candidatura que nunca va a despegar. Será que lo que buscan los cien o más candidatos es negociar una pequeña, o grande cuota con el quien tenga los votos prolongando una situación de miseria política.
Lejos del altruismo que reclaman los que se dicen hastiados de la política y se presentan como independientes por firmas están es menoscabado la democracia. ¿Ninguno de los 34 partidos inscritos les sirve? Su visión del país es tan única que tienen que obtener fondos quien sabe de dónde o esa será una treta para obtener un ministerio o un instituto desde el cual puedan resarcir los gastos de su “campaña”, y claro, algo más de utilidad.
La izquierda le ha dado al país una lección en este proceso electoral que quienes se dicen que actúan en nombre de la decencia deben aprender, porque de lo contrario seguiremos en las mismas con los mismos negociando la política al detal. Hay que ponerle fin a esta práctica que puede tener un buen origen, pero que hoy se vuelto un barril sin fondos que esconde quien sabe cuántos intereses oscuros.
Es necesario regular el quehacer político y ordenar al país alrededor de unas ideas centrales que muestran las diferentes tendencias en el mundo moderno, es decir, el tamaño del estado, la intervención de este, la política de seguridad, la libre empresa, el respecto de los derechos humanos, etc. en partidos fuertes como lo ha hecho la izquierda.
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