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Analistas 01/12/2020

El gran “reset”

Carlos Ronderos
Consultor en Comercio y Negocios Internacionales

El Foro Económico Mundial (WEF) y su fundador y director, Klaus Schwab, han impulsado la noción de un gran “Reset” de la economía global post pandemia. Las principales directrices de esta propuesta están contenidas en el libro ‘Covid-19, The Great Reset’ con coautoría de Thierry Malleret. El libro ha despertado muchas críticas, por algunos, por ser un manifiesto comunista globalizante y, por otros, por parecerse a las teoría fascistas de Alemania e Italia en los años previos a la Segunda Guerra.

El libro arranca por reconocer que la pandemia acelerará cambios evidentes como el distanciamiento con la globalización, el conflicto entre China y Estados Unidos, la aceleración de la automatización, el temor a la vigilancia del estado, el nacionalismo y oposición a las migraciones, pero igualmente argumenta que esta es una ocasión para un cambio profundo que no tiene límites más allá de la imaginación, en todos los campos económicos y sociales.

Definen los autores tres características del mundo moderno que se concretan en (i) Interdependencia, (ii) Velocidad y (iii) Complejidad. Interdependencia propia de los procesos de globalización y que es evidente en los sistemas de producción y en la interconectividad de las crisis económicas. Velocidad en un mundo dominado por inmediatez, la conectividad de internet y la telefonía celular. Esa velocidad se ha hecho evidente con el covid, que se propagó por todo el mundo a una velocidad no prevista. Y complejidad derivada de la incapacidad de entender el entorno como resultado del exceso de información y la incapacidad de buscar correlaciones lógicas.

En esta realidad y con la crisis económica y social resultante del covid, las preguntas que se formula el libro son, en primera instancia, cuál debe ser el nuevo compás para medir el progreso y, en segunda instancia, cuáles serán los nuevos impulsores de la economía para que sea inclusiva y sostenible. Respecto a la primera pregunta, se plantea que el PIB no es una medición correcta ya que no capta el valor de ciertos trabajos y, en cambio, refleja creación de valor en lo que son simples transferencias financieras. Ese compás debe medir no solo progreso, sino distribución. No es importante cuánta riqueza se crea, sino como se distribuye. Finalmente, es importante medir la resiliencia, que incluye instituciones, infraestructura y redes de innovación, entre otros.

En cuanto a los nuevos impulsores, señala que estos deben estar alrededor de la economía “verde” para preservar recursos y minimizar pérdidas; la economía social, que es creadora de empleo en temas tales como apoyo a la población mayor, la salud pública, entre otros, y de la innovación .

Difícil resumir el contenido total en este corto espacio pero lo que parece que es aconsejable en este “Reset” deriva sus críticas, primero, en su clara vocación de distribución de la riqueza, lo que provoca la acusación de comunista. Las del fascismo se derivan del cómo adelantar esta política al señalar el papel de las grandes empresas que no responderían a los accionistas, sino a los “Stakeholders”, haciendo que unos ejecutivos que no han sido elegidos y que trabajan con los dineros de los accionistas, reemplacen el papel de la democracia y la política.

Es claro el mensaje de la realidad deseada de un mundo más verde, más equitativo y más inclusivo, pero no lo es tanto el mensaje del papel del Estado, la empresa y la democracia en ese mundo soñado de la post pandemia.