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Analistas 13/11/2025

Los norcoreanos que infiltraron las empresas de tecnología en EE.UU.

Camilo Salah
Vicepresidente de Marketing para América Latina de MiQ

Se presentan como desarrolladores senior. Tienen perfiles muy pulidos en LinkedIn y Github, respaldados por supuestas carreras internacionales, títulos universitarios prestigiosos y experiencia en empresas de renombre global. Hablan con fluidez, resuelven las pruebas técnicas, pasan las entrevistas psicológicas y firman contratos para trabajar remoto desde cualquier lugar del mundo. Lo que sus empleadores no saben es que acaban de contratar a un espía norcoreano.

Y sí, parece sacado de una novela o cortometraje, pero no lo es. Se trata de una de las operaciones de infiltración laboral más sofisticadas de los últimos años: miles de trabajadores de Corea del Norte, operando desde China, Rusia e incluso desde Pyongyang, que han logrado ser contratados en algunas de las principales empresas tecnológicas de Estados Unidos incluidas la mayoría de compañías Fortune 500 utilizando identidades falsas o robadas, en un esquema masivo de espionaje y financiación ilegal.

La estrategia es sorprendentemente efectiva. Ingenieros, programadores y científicos de datos norcoreanos altamente calificados aplican en masa a empleos remotos usando perfiles generados con inteligencia artificial, alterando sus voces, rostros y hasta el acento para pasar por ciudadanos con permiso laboral estadounidenses. Consiguen los empleos, acceden a información sensible, y envían los salarios completos al régimen de Kim Jong-un. Todo mientras trabajan desde ubicaciones secretas, con redes privadas virtuales avanzadas o VPNs y sin que nadie sospeche.

Según estimaciones del Departamento del Tesoro de EE.UU., este esquema ha canalizado entre US$250 y US$600 millones al año hacia Corea del Norte desde 2018. El FBI ha confirmado que algunos de estos empleados han llegado a tener hasta seis o siete empleos simultáneos, acumulando ingresos que superan los US$$300.000 anuales. El dinero, por supuesto, no financia un estilo de vida para ellos o sus familias, financia el programa y la agenda norcoreana.

Y si el método suena rudimentario, la tecnología lo hace cada vez más difícil de detectar. Los investigadores han documentado el uso de software avanzado de manipulación facial en tiempo real para entrevistas por video, asistentes de IA que responden preguntas en vivo, y sistemas que cambian la voz, incluso simulando género femenino, para adaptar al candidato al perfil buscado. El nivel de profesionalismo con el que operan ha hecho que empresas de reclutamiento en EE.UU. hayan recibido miles de aplicaciones sospechosas sin detectarlas a tiempo.

En junio de este año, el Departamento de Justicia ejecutó redadas coordinadas en más de 16 estados, incautando más de 200 laptops asociadas a esta red de infiltración. La investigación también reveló la participación de ciudadanos estadounidenses que actuaron como facilitadores: enviando equipos, validando identidades falsas o simplemente mirando hacia otro lado frente a inconsistencias evidentes en el proceso de contratación.

Uno de los métodos más surrealistas para identificar a estos infiltrados ha sido directamente preguntarles, durante la entrevista, qué opinan del líder supremo norcoreano. Insultar a Kim Jong-un es un delito severamente castigado en Corea del Norte, y al parecer, cuando se hace esta pregunta, los sospechosos suelen desconectarse abruptamente y no vuelven a presentarse. Una prueba que roza lo absurdo, pero que ha resultado útil.

El caso ha desatado preocupación en las agencias de ciberseguridad y en la comunidad internacional. Porque más allá del robo de salarios, la verdadera amenaza está en el acceso a datos estratégicos: propiedad intelectual, modelos de IA, bases de datos de usuarios, secretos comerciales. Información que puede tener un valor incalculable para el régimen norcoreano y sus aliados geopolíticos.

El escándalo apenas comienza, y las autoridades americanas siguen sumando nombres, pruebas y condenas. Pero lo que ya está claro es que la digitalización del empleo especialmente en la industria tecnológica, ha abierto puertas que ahora deben cerrarse con más rigor. El trabajo remoto no solo multiplicó la eficiencia: también amplificó la superficie de ataque para actores hostiles que entienden muy bien cómo funciona el capitalismo digital.

Y así, mientras las empresas buscan talento remoto en cualquier rincón del mundo, Corea del Norte encontró una nueva forma de hackear al sistema: no a travás de los servidores…sino por medio de la nómina.

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