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Durante la Copa Mundial de la Fifa 2026 que finalizó hace pocos días, miles de millones de personas vieron repetidamente el nombre de un patrocinador del que nadie había oído hablar: ADI Predictstreet. No era una aerolínea, un banco ni una multinacional tecnológica. Era una plataforma de mercados de predicción.
Su aparición como socio oficial de la Fifa pasó prácticamente desapercibida. Sin embargo, ese patrocinio es apenas la punta del iceberg de una industria que está creciendo a una velocidad extraordinaria. Según un análisis del Pew Research Center, el volumen mensual negociado por las dos principales plataformas de mercados de predicción pasó de menos de US$5.000 millones en septiembre de 2025 a cerca de US$24.000 millones en abril de 2026.

Durante décadas, cuando queríamos anticipar el futuro recurríamos a encuestas, consultoras, analistas económicos o expertos políticos. Hoy comienza a consolidarse un mecanismo distinto: plataformas donde millones de personas expresan sus expectativas sobre acontecimientos futuros respaldándolas con dinero.
Ese es el principio detrás de plataformas como Polymarket, Kalshi y, ahora, ADI Predictstreet. No se trata simplemente de apostar quién ganará un partido o una elección presidencial. Se trata de convertir la inteligencia colectiva en probabilidades cuantificables sobre eventos del mundo real.
La idea ha dejado de ser un experimento de internet para entrar en la conversación política y económica global. Durante las elecciones presidenciales de Estados Unidos, mientras muchas encuestas mostraban escenarios muy ajustados, Polymarket anticipó con notable precisión la evolución de la contienda electoral. Desde entonces, los mercados de predicción comenzaron a ser observados con mayor atención por inversionistas, analistas e incluso responsables de política pública.
La llegada de la administración Trump aceleró esa conversación. El entorno regulatorio en EE.UU. empezó a mostrar una mayor apertura hacia este tipo de plataformas, mientras empresas como Kalshi consolidaban su posición dentro del sistema financiero regulado. Lo que hasta hace poco parecía un nicho asociado al ecosistema cripto empezó a perfilarse como una nueva herramienta para anticipar acontecimientos.
Dentro de todo esto resulta especialmente llamativo el caso de ADI Predictstreet. La plataforma apareció prácticamente de la nada como patrocinador oficial del evento deportivo más importante del planeta. Apenas dos meses antes del inicio del Mundial, el proyecto acababa de ser presentado al mercado. Más interesante aún es el perfil de su director ejecutivo, Dimitrios Psarrakis, cuya trayectoria combina regulación financiera en el Parlamento Europeo, mercados de capitales, activos digitales y blockchain, antes de asumir el liderazgo de la compañía. Su recorrido refleja que esta industria ya no está siendo construida únicamente por emprendedores del sector tecnológico, sino también por personas que entienden profundamente la intersección entre regulación, finanzas y política pública.
Quizá ese sea el verdadero mensaje detrás del logo que vimos durante el Mundial. ADI Predictstreet no solo representa a una empresa emergente; representa la consolidación de una industria que busca responder una de las preguntas más antiguas de la humanidad: qué ocurrirá después. Durante siglos intentamos predecir el futuro preguntándoles a expertos. Hoy millones de personas empiezan a responder esa misma pregunta poniendo dinero detrás de sus expectativas. Tal vez el verdadero producto de los mercados de predicción no sea la apuesta en sí, sino una nueva forma de producir información colectiva sobre el futuro.
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