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El Gobierno está erosionando las fuentes de prosperidad. Esta situación no surge tanto de su habilidad para implementar políticas perjudiciales, que afortunadamente ha demostrado ser limitada, sino por la velocidad con la que su retórica y narrativa destruyen la confianza en las empresas. Incluso durante el descanso y celebración de fin de año, el Gobierno continuó su embate contra el sector empresarial.
Un claro ejemplo fue el ataque a la reputación de Seatech Internacional, productora de Van Camps, basándose en una dudosa denuncia sindical que la Ministra de Trabajo utilizó para propagar su ideología anti-iniciativa privada.
Al comenzar 2024, la Dian continúo sus medidas drásticas contra los grandes comercios, ordenando el cierre de un almacén de la cadena Olímpica en Bogotá, argumentando la no expedición de factura electrónica. Esta acción fue ampliamente divulgada en medios y redes sociales, demostrando el deseo gubernamental de alimentar una imagen negativa de las empresas.
La justificación para el cierre fue dudosa y débilmente defendida por el director de Dian, pero eso no impidió que el presidente Petro aprovechara la oportunidad para lanzar ataques en Twitter, acusándolos de no pagar impuestos, pese a saber que las empresas aportan 75,8% del recaudo total del impuesto de renta.
Este tipo de engaño refleja la disposición del gobierno de distorsionar la verdad para fomentar un sesgo antiempresarial en el país. Estos incidentes son solo los más recientes en una serie de ataques sistemáticos para mancillar la reputación empresarial, demonizar el lucro privado y etiquetar la palabra “negocio” como sinónimo de anti-derechos. Este discurso es una vía directa hacia el fracaso económico, el aumento de la miseria y el hambre.
Frente a esta realidad, la inacción no es una opción. Es crucial enfrentar y desmantelar la narrativa gubernamental. Para lograrlo, es suficiente con tomar acciones conscientes y deliberadas en nuestro entorno inmediato. Es vital abrir las puertas de nuestras empresas para dialogar con los colaboradores sobre la función empresarial, los mercados libres, la ética del trabajo y educar sobre los principios de la economía, subrayando la importancia de la libertad económica.
En Libertank, a través de nuestro programa “Liberminds”, estamos transformando la mentalidad de los colaboradores en diversas empresas. Mediante juegos interactivos, disruptivos y creativos, estamos generando consciencia sobre la economía, la función empresarial y la libertad. Más de 30.000 colaboradores han participado en nuestras actividades, comprendiendo mejor las ideas que les permiten trabajar, crear riqueza y contribuir a una sociedad más próspera.
El 2024 debe ser el año en que abandonemos las excusas y actuemos decisivamente para salvaguardar la iniciativa privada. Es hora de asumir nuestra responsabilidad en la defensa de la libertad. El camino hacia un futuro más próspero y libre depende de nuestra capacidad de actuar contra las amenazas que se ciernen sobre nuestras libertades. Juntos, como sociedad civil, empresarios y ciudadanos comprometidos, podemos y debemos forjar un Estado que funcione eficientemente al servicio de su gente, no uno que los sofoque bajo su peso, burocracia e ideología.
Colombia merece un futuro donde sin importar quién gobierne se mantenga la base de la prosperidad: la libertad. Iniciemos 2024 con el compromiso de trabajar por el país que soñamos.
Hace unas semanas leí sobre Alpha School, un modelo educativo que utiliza inteligencia artificial para personalizar gran parte del aprendizaje académico y dedicar más tiempo al desarrollo de habilidades humanas. No sé si ese será el colegio del futuro. Lo interesante es la pregunta que plantea: ¿qué debemos enseñar cuando el conocimiento deja de ser el principal factor de diferenciación? Durante décadas, la educación tuvo un propósito claro. La escuela transmitía conocimientos y la universidad formaba especialistas. En un mundo donde acceder a la información requería tiempo y esfuerzo, ese modelo tenía sentido. Hoy cualquier estudiante puede pedirle a una inteligencia artificial que explique un concepto, resuelva un problema o resuma un libro en segundos. Si la información dejó de ser escasa, la ventaja competitiva ya no será saber más. Será pensar mejor. Eso exige replantear nuestras prioridades. El pensamiento crítico deja de ser una habilidad complementaria para convertirse en el centro de la educación. No porque las respuestas hayan perdido importancia, sino porque ahora cualquiera puede obtenerlas. Lo realmente valioso será distinguir entre información y evidencia, identificar sesgos, conectar disciplinas y ejercer buen juicio cuando no existe una solución evidente. Los líderes más admirados rara vez son quienes tienen todas las respuestas. Son quienes hacen las preguntas que los demás no habían considerado. Saben simplificar problemas complejos, escuchar perspectivas distintas, cambiar de opinión cuando la evidencia lo exige y decidir aun cuando la información es incompleta. Esas capacidades no pertenecen a ninguna profesión en particular. Son el resultado de una formación amplia, de la curiosidad intelectual y de la disposición a cuestionar incluso las ideas propias. Si la inteligencia artificial obliga a replantear la educación, quizá el mayor cambio no sea tecnológico, sino filosófico: volver a enseñar a pensar. Curiosamente, esta transformación nos acerca a los grandes pensadores del Renacimiento. Estos no entendían el saber como compartimentos aislados. Leonardo da Vinci fue artista, ingeniero, anatomista e inventor porque comprendía que la innovación nace al conectar ideas. Los problemas que hoy enfrentan las empresas tampoco pertenecen a una sola disciplina. La inteligencia artificial, la geopolítica, la transición energética o el envejecimiento de la población exigen integrar tecnología, economía, derecho, psicología y ética. Formar líderes implica mucho más que desarrollar una buena capacidad analítica. También exige aprender a enfrentar la incertidumbre, asumir riesgos y entender que el fracaso forma parte del aprendizaje. Es allí donde se construyen el carácter, el juicio y la resiliencia. La inteligencia artificial puede reducir el esfuerzo necesario para aprender, pero no puede reemplazar las experiencias que forman el carácter. La discusión sobre la educación suele concentrarse en cuánto tiempo pasarán los estudiantes utilizando inteligencia artificial. La pregunta es más bien qué tipo de líderes queremos formar cuando todos tendrán acceso al mismo conocimiento. Las organizaciones y el mundo necesitan personas capaces de razonar con independencia, conectar perspectivas distintas, ejercer buen juicio, convertir la adversidad en aprendizaje e inspirar a otros para resolver problemas complejos. Esa ha sido siempre la esencia del liderazgo, y ninguna inteligencia artificial podrá reemplazarla
La UE no puede seguir aplicando los principios de derechos humanos y derecho internacional de manera desigual: el contraste entre las respuestas a los conflictos en Ucrania y Gaza es vergonzoso
Entre 2006 y 2026, las emisiones de bonos externos representaron entre 3,4% y 27,9% de las NBF. Durante el segundo gobierno de Álvaro Uribe este indicador promedió 11,8%