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Analistas 01/03/2021

Reporte Dasgupta

Brigitte Baptiste
Rectora de la Universidad Ean

Hace unos días se publicó el texto final de un trabajo comisionado por el gobierno del Reino Unido a Sir Partha Dasgupta para estudiar la relación actual de la economía mundial con el capital natural. Inspirado en el reconocido “informe Stern”, que hacía lo propio con la economía del clima en 2006, adopta una perspectiva teórica desde la cual la biodiversidad es una forma de capital, algo que criticarán muchos como una visión reduccionista, pero que en el análisis clásico tiene el poder de revelar graves distorsiones en el valor que hemos asignado a los recursos biológicos del planeta a través de los mercados.

El reporte hace énfasis en los riesgos inminentes que enfrenta la sociedad si sigue subvalorando los aportes de la naturaleza al bienestar y si no reconoce que estos provienen en gran medida del mantenimiento de la funcionalidad de los ecosistemas, que aportan servicios o contribuyen con todos los aspectos de la vida cotidiana de las personas. Ignorar nuestra dependencia de la naturaleza, enfatiza, es una mala decisión económica que pone en riesgo la persistencia de la humanidad.

De acuerdo con C Keating (greenbiz.com), la principal conclusión del reporte es que el capital natural, tal como se hace con el humano y el producido, requiere un nivel de atención e inversión proporcional. “La economía planetaria requiere una profunda reestructuración” y se necesita un “cambio transformativo en las finanzas, la educación, la producción, el consumo y las instituciones para proteger adecuadamente la biodiversidad y futura prosperidad de la humanidad”. Esta noción de cambio transformativo, que parece una hipérbole, implica la adopción de medidas disruptivas en la “eco-lógica” contemporánea, ya que la gradualidad del cambio de políticas puede estar bien intencionada, pero ni va a la velocidad que se requiere para construir sostenibilidad, ni en la dirección adecuada.

Reestructurar la demanda, por ejemplo, no solo siendo más eficientes en todos los sistemas productivos, es una prioridad para Sir Dasgupta, y habría que decir que para Colombia aún hay un espacio gigantesco en este sentido: nuestra agricultura (con excepciones) es claramente un desastre en términos de mal uso del agua, la fertilidad y los servicios ecosistémicos que desdeña, como evidencia la persistencia de prácticas insostenibles y, paradójicamente, subsidiadas, en el país de la biodiversidad. Modificar los precios para reflejar los costos reales de producción, a través de normas técnicas e impuestos es urgente, enfatiza el reporte, con el fin de promover el reciclaje y el uso compartido de los bienes y servicios derivados de la naturaleza y promover la desinversión en actividades nocivas, los nuevos pilares de una economía que además reconoce que educar y empoderar a las mujeres siempre resulta en mejores decisiones sociales y menor presión demográfica.

Vale la pena conocer al menos el resumen ejecutivo del informe y sus principales recomendaciones, dentro de las cuales se incluye el reemplazo del PIB por mejores indicadores de bienestar, la adopción de sistemas contables “verdes”, la transformación de los bancos centrales, el ajuste de los sistemas de pago por servicios ambientales, las inversiones efectivas en áreas protegidas, la descentralización y la educación ambiental robusta, como algunas de las medidas urgentes que deben cambiar la trayectoria autodestructiva de la humanidad.