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Analistas 08/06/2021

Narcovid

Brigitte Baptiste
Rectora de la Universidad Ean

Las epidemias son un fenómeno estructurante de los sistemas complejos, en los cuales es la conectividad la que determine la probabilidad e intensidad de que un evento se propague, sea un “jingle” pegajoso que nos llega cada mañana por las emisoras, el consumo de batidos verdes como un hábito saludable o el uso masivo de apps en los celulares. De hecho, una epidemia es una moda, en el sentido estadístico de la palabra, y se entiende como la forma en que un fenómeno emerge y se propaga a través del cuerpo, la sociedad, el ecosistema y le obliga a reestructurarse, a producir una respuesta.
Por ello el concepto de inmunidad normalmente está más ajustado al aprendizaje o reajuste del sistema que al desarrollo de resistencia vía barreras basadas en el comando y control; es decir, las epidemias o las modas no se controlan (nunca militarmente), porque son indispensables para hacer evolucionar el sistema. En contraposición, se gestionan: la adaptación a una amenaza puede requerir acupuntura en términos de seguridad, aislar por un tiempo o sacrificar una pequeña porción del sistema (nunca derechos humanos, obvio), pero siempre en aras de reorganizarlo y prevenir un desgaste mayor o crónico.

De eso se trata la resiliencia, de inyectar capacidades de aprendizaje sistémico al Estado, las empresas, las organizaciones sociales. De no hacerse así, el envejecimiento y la rigidez que se adquieren con él se convierten en generadores de vulnerabilidad. Haber subestimado la situación de inequidad o los efectos del machismo, por ejemplo, hacen que hoy las explosiones sociales sean mucho más agrestes, letales y costosas que una seguidilla de reformas que hubiesen evitado el potencial colapso que enfrentamos.

Esta larga introducción, que incluye al covid y los paros como ejemplos de disturbios sistémicos que se propagan a gran velocidad, está orientada a entender el problema del narcotráfico como una moda y un disturbio subyacentes que no hemos sabido afrontar adaptativamente, es decir, como un problema de salud pública que se propaga y no uno de seguridad que se controla. El consumo de drogas es una adicción neurológica que se expande por el mundo como resultado de la conectividad cultural, la búsqueda de sentido a la existencia individual, la curiosidad.

El narcotráfico es el virus que se encarga de mover el agente infeccioso a lo largo y ancho del territorio y aunque la analogía del tumor puede ser útil, es mejor entenderlo como la covid, pues sabemos que no se trata con cirugía, sino con buenos hábitos e inmunidad inoculada; educación crítica. Ni el narcotráfico ni el consumo de drogas se extirpan, no se puede cortar la parte del cuerpo que ha sido invadida por la peste.

Más grave que la covid han sido décadas de muerte y destrucción asociadas con esa “guerra” contra las drogas, que a partir de convertir al consumidor en delincuente han creado el medio ideal para la continua mutación y propagación del virus: nada más adaptativo que las variantes del cultivo de coca en el territorio, su procesamiento, los canales de distribución, la colonización de espacios vía microtráfico en los parques o los mecanismos de lavado de capitales. Nada que la policía pueda solucionar. No se vislumbra una meseta para el narcotráfico y sí, el desmoronamiento de Colombia ante su arremetida contra instituciones ya erosionadas por otros virus y con las defensas bajas. Las prioridades son otras…